Nuestros Orígenes: El Primer Ciclo de la Humanidad

En el capítulo anterior veíamos como de cerca estamos genéticamente de los miembros del género Pan, los chimpancés y los bonobos. Esas mutaciones, esos cambios en nuestro ADN que nos diferencian de nuestros primos lejanos, están forjadas en el yunque de la evolución en África a lo largo de más de 6 millones de años.

Si nos cuesta resumir 1000 años de historia en un solo pensamiento, imagínate 6 millones de años. Ni 60.000 años, ni 600.000 años. 6 millones. Piensa en todos los individuos homínidos que han llegado a existir en todo este tiempo. Imposible de hacer, pero pruébalo. Sus vidas han sido tan reales como la tuya. ¿Cómo te imaginas la vida en la sabana?

También hablábamos de la diferencia crucial que nos define a los humanos: la cultura simbólica. Pero para llegar a hablar de ella tendremos que esperar. No es hasta hace aproximadamente 100.000 años que llegamos a tener los cuerpos y los cerebros propios de la especie y subespecie Homo sapiens sapiens. Y no es hasta hace unos 70.000 años que aparece el simbolismo.

Así que, ¿Qué ocurrió entre hace 6 millones de años y hace 100.000 años que impulsara así la aparición de cerebros capaces de simbolizar?

La Cuna de la Humanidad

Como ya vimos anteriormente, el nacimiento de la rama ancestral de la humanidad tiene lugar en algún lugar de la África. Este nacimiento viene promovido especialmente por una transición del movimiento mixto de los chimpancés al bipedismo obligado de los australopitecos.

Antes de continuar, permíteme hacer un paréntesis:

En biología, los organismos se dividen en taxones. Categorías globales, cuya jerarquía recibe un nombre. Por ejemplo, el taxón que engloba a todos los animales es el Reino. Por eso decimos el Reino animal, diferenciado del Reino vegetal. Para hacerlo más bonito y difícil cada taxón también recibe un nombre en latín. Para el Reino animal, Animalia. Para el Reino vegetal, Plantae, etc.

¡Pero atenta, atento! Toda. Repite conmigo. TODA la vida a La Tierra proviene de un mismo organismo ancestral. ¿Lo sabías? Pues tiene nombre italiano. Se llama LUCA.

Por sus siglas en inglés: “Last Universal Common Ancestor” o lo que es lo mismo: el último ancestro común universal. El tipo de organismo del que proviene toda la vida que conocemos. Vivió hace (agárrate) entre 3.500 y 3.800 millones de años, aunque hay estudios recientes que lo sitúan en hace 4.500 millones de años. Sí. Casi nada.

LUCA habría sido un organismo unicelular. Una célula flotando con ADN desparramado en su interior, sin siquiera un núcleo. Ten un poco de respeto por tus mayores. Estás delante de nuestro familiar más lejano. LUCA vendría a ser la madre de toda la vida que conocemos actualmente:

¿Has pensado nunca que, si hicieras un árbol genealógico de tu familia lo suficientemente largo, llegarías a poner en él fotografías de Homo erectus con un aire a ti? Estamos igual de conectados con nuestro pasado evolutivo que con nuestros bisabuelos.

Pero a lo que iba. Esto te lo decía porque, si toda la vida parte de un mismo punto, los taxones convergen todos hacia LUCA. Los Reinos convergen en Dominios: Archaea (Arqueas), Bacteria (Bacterias), i Eukarya (Eucariotas, organismos con núcleo para proteger el ADN en sus células), y hasta podríamos hacerlos converger entre seres vivos y seres inertes. Pero sigamos.

Desde lo más bajo de la jerarquía, hacia arriba, tú, como Homo sapiens sapiens, formas parte de la subespecie H. s. sapiens, de la especie H. sapiens, del Género Homo, de la Tribu Hominini (que incluye a todos los chimpancés, todos los Homo extinguidos y sus ancestros, y a nosotros), de la Familia de los homínidos (todos los chimpancés, gorilas, orangutanes y humanos), del Orden de los primates, de la Clase Mammalia (mamíferos), del Filo de los cordados, del Reino animal, del Dominio eucariota.

Compartimos ancestro común con cada taxón. ¡Sí! Cuando te mires a los ojos con tu perro o tu gato, piensa que sois familia lejana. Concretamente, tenemos una abuela común de hace entre 80 y 100 millones de años.

Pues vaya paréntesis me ha quedado. ¿Por dónde íbamos?

Cuando hablamos de nuestros ancestros, tenemos que diferenciar cuatro momentos generales de la evolución: el momento de bifurcación taxonómica entre nuestra rama y la de los chimpancés, el momento en que fuimos australopitecos del Género Australopithecus, el momento en que nos convertimos en Género Homo, y el momento en que la única especie viva del Género Homo es la sapiens.

La Infancia de la Humanidad

Esto ya lo vimos en el anterior capítulo. La infancia de la humanidad no se diferencia demasiado en lo que es la vida de los chimpancés y bonobos en la actualidad. En este periodo de tiempo, que comprende un espacio de entre 8-6 millones de años hasta hace unos 4 millones de años, encontramos fósiles como el Sahelanthropus tchadensis (te juro que no he aporreado el teclado) i el Orrorin tugenensis. Individuos con cerebros de tamaño similar al de chimpancés y bonobos, pero con dientes más pequeños y la columna vertebral ligeramente más centrada hacia el cráneo: indicio de una adaptación evolutiva a favor de moverse de pie.

Imagen de Alexas_Fotos en Pixabay 

Vayamos por partes. Los australopitecos son el género extinto que precede a todos los Homo. Pero no te imagines la evolución como una escalera lineal donde unos se transforman en los otros de manera clara y definitiva. Al igual que nosotros, que vivimos a la vez que los chimpancés, los primeros Homo podrían haber coexistido con australopitecos, aún habiendo evolucionado los Homo de ellos mismos. Si esto te vuela la cabeza, pronto hablaremos de cómo funciona realmente la evolución.

¿Cómo eran los australopitecos? ¿Cómo vivían?

De la especie más famosa de australopitecos, el Australopithecus afarensis, se han encontrado más de 300 individuos. Vivieron al este de África (Etiopía, Kenia, Tanzania) hace entre 3,85 y 2,95 millones de años. La famosa Lucy (que recibe este nombre porque los investigadores que la encontraron escuchaban Lucy in The Sky With Diamonds mientras estudiaban sus restos) es una Australopithecus afarensis. También existen otras especies de australopiteco, como los Australopithecus anamensis, A. sediba o A. africanus o A. garhi.

Pero lo importante es entender que eran individuos completamente adaptados para andar sobre sus dos patas. De hecho, en Laetoli (Tanzania) se encontraron sus huellas bípedas fosilizadas por la erupción de un volcán. Aún así, sus manos presentan características propias de los primates arbóreos, por lo que con facilidad podrían haber utilizado los árboles como refugio.

Sus cerebros, aún siendo más grandes que los de los chimpancés y bonobos actuales, eran pequeños si los comparamos con los nuestros. Una tercera parte, más o menos. Y de momento no hay indicios claros de que hubiesen utilizado herramientas modificadas.

De lo que sí hay indicios, es de que eran cazados como cualquier otra presa por depredadores como leones, leopardos y hienas. Así que no. Aún no cazaban en grupo. Como mucho, comían insectos y animales pequeños como lagartos. Pero su dieta base habrían sido las plantas, las raíces, las semillas y las frutas.

Así que los australopitecos, aún siendo homínidos completamente bípedos y con cerebros ligeramente más grandes que los de los chimpancés y bonobos, no presentan indicios de comportamientos más complejos que los que ya vemos en nuestros primos lejanos: con juego, vidas sociales activas, jerarquías, cuidado y educación de las crías y cooperación.

Y aún así, habitaron la tierra durante más de 2 millones de años. Mucho, muchísimo más de lo que los humanos actuales llevamos aquí.

¿Qué pasa después de los australopitecos? ¿Cómo empezamos a utilizar herramientas? ¿Y qué efecto tiene esto en nuestros cerebros? ¿Cómo y por qué llegamos a triplicar su tamaño? ¿Cómo pasamos de ser una especie de primates bípedos en África a estar presentes en casi todos los continentes del mundo? ¡Todo esto y mucho más en el próximo capítulo!


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REFERENCIAS

Australopithecus afarensis. (2020, January 10). Retrieved November 18, 2020, from https://humanorigins.si.edu/evidence/human-fossils/species/australopithecus-afarensis

Harari, Y. N. (2018). Sapiens: A brief history of humankind. New York: Harper Perennial.

Human Family Tree. (2019, January 15). Retrieved November 18, 2020, from https://humanorigins.si.edu/evidence/human-family-tree

Sahelanthropus tchadensis. (2020, January 10). Retrieved November 18, 2020, from https://humanorigins.si.edu/evidence/human-fossils/species/sahelanthropus-tchadensis


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La Arquitectura de la Realidad

En el capítulo anterior veíamos cómo el cerebro es un órgano que en primer lugar mapea lo que ocurre gracias a tus receptores sensoriales. Recibe información muy precisa de qué está pasando en tu cuerpo, y con ello genera mapas. Mapas de la realidad. Informes de la situación.

También veíamos cómo la realidad percibida, subjetiva, de cada una de nosotras (aquello que ves, sientes, notas, escuchas ahora mismo) es fruto de la actividad del cerebro, y no de la actividad de los receptores en sí. Es decir: los ojos no ven, es el cerebro que construye la visión a partir de la información que recibe de los ojos.

¡Sin ojos podría haber visión si estimulamos las áreas adecuadas! Pero lo que nos aseguran los órganos sensoriales es que aquello que experimentamos se ajusta lo suficiente a lo que ocurre a nuestro alrededor.

¿Pero es suficiente con recibir y repetir en el cerebro la información en crudo de los receptores? Claramente no. ¡Hoy vas a entender un poco más y mejor cómo el cerebro se estructura para construir nuestra realidad!

Imagen de Couleur en Pixabay 

La Jerarquía Neuronal

¿Recuerdas qué son los Mapas Topográficos? Mapas de los sentidos para todo el cuerpo, para toda la lengua, para todo nuestro campo visual, ubicados en orden en el cerebro.

Bien. Pues toda nuestra corteza cerebral (las capas más superficiales del encéfalo) está distribuida en áreas que corresponden a los distintos sentidos, y estas áreas a la vez están organizadas topográficamente en capas de neuronas.

Por ejemplo, tenemos un área de nuestra corteza cerebral que corresponde a la llegada de la información visual. Se llama Área Visual Primaria, o V1.

En V1 no solo se recibe la información en crudo de la retina. Además de tener neuronas que se activan cuando hay cambios en las células receptoras de los ojos, a medida que avanzamos y profundizamos en su estructura encontramos neuronas que se especializan en reconocer patrones visuales concretos.

Imagen de Free-Photos en Pixabay 

Vale. Vale. Aquí vamos a tener que hacer una pausa un momento. ¿Cómo que patrones visuales concretos?

Pues eso. Líneas. Texturas. Variaciones de luz… Las neuronas se jerarquizan.

De pequeños aprendemos que las líneas son cadenas de puntos. ¿Cómo construye el cerebro líneas en el campo visual, sin que simplemente sean cadenas de puntos minúsculos sin sentido? ¿Cómo las llega a entender? O lo que es lo mismo, ¿Cómo lo llegamos a entender nosotros? ¿Cómo hacemos que lo que reciben las neuronas iniciales tenga un sentido?

¡Buena pregunta! Le llegamos a dar sentido teniendo neuronas que se dedican exclusivamente a codificar características concretas. Unas para bordes. Otras exclusivas para texturas. Otras para colores. Y así. Neuronas que se dedican a entender lo que otras neuronas les están diciendo, y se responsabilizan de solo activarse si reciben la información adecuada. La información para la que responden, cada vez más integrada.

Por ejemplo, tres neuronas pueden ser las encargadas de codificar “línea de 45º” en una pequeñísima zona del campo visual. Codificar, en realidad, es que ellas signifiquen “línea de 45º” para otras neuronas que harán funciones más avanzadas. Pero estas tres neuronas solo mandarán el mensaje si reciben información congruente de las neuronas previas, que solo codifican puntos del campo visual.

Siguiendo con el ejemplo simplificado, una cadena activada de 10 neuronas en fila en el campo visual activará las tres neuronas que hacen saltar la alarma: “Aquí hay una línea.”

Y como te imaginarás, después de estas neuronas que codifican para características muy específicas…

Viene la diversión.

¿Qué pasa si juntamos en una sola neurona (o grupo de ellas) la información de dos grupos neuronales que codifican distintas líneas consecutivas en el campo visual? Pues que tendremos una mensajera que reconocerá formas complejas. Habremos fundido mucha información en una sola neurona.

Tendremos una neurona que se especializará en reconocer un patrón concreto de líneas juntas. ¿Se te ocurre hasta dónde se puede llegar con esta lógica?

Por si aún no habías caído en ello:

Todo lo que experimentas, cada mínimo detalle de la realidad, todo lo que ocurre, está codificado por grupos de neuronas en tu cerebro. Esa pelusa minúscula encima de tu jersey. No la infravalores. Hay miles de neuronas trabajando en tu cerebro para que puedas verla, entenderla y pensar sobre ella. Su orientación, posición en el espacio y respecto a tu cuerpo, colores, sombras. Todo.

Así que el cerebro es muy, muy pero que muy específico.

Si seguimos escalando en la jerarquía neuronal, encontraremos neuronas con información cada vez más asociada. ¡Hasta un punto en el que podemos observar neuronas que se especializan en codificar caras! Si reciben todos los estímulos asociados de las jerarquías previas, congruentes con la organización visual de un rostro, se activan. Si no, se quedan en silencio esperando pacientemente (o haciendo otros trabajos. Pueden hacer varias funciones a la vez).

¿Y dónde termina esto? ¿Qué pasa si avanzamos en la jerarquía?

Pues que llegamos a algo parecido a una experiencia unificada, coherente, con sentido. Una experiencia que agrupa información de distintos sentidos, sensaciones, memorias, emociones, pero que se siente como un todo. Una sola vivencia presente.

¿Te suena?

Sí, es tu consciencia. Eres tú.

¡Pero esto para los próximos capítulos!

Dentro de la Nuez

Hasta el momento solo te he hablado del Área Visual, porque es suficiente para explicar cómo codificamos y jerarquizamos la información a partir de nuestras neuronas. Pero si ya te parecía complicada la cosa, imagínate hacer esto con todos los sentidos, y luego juntarlos.

En el cerebro tenemos el Cortex Visual Primario, el Cortex Somatosensorial Primario (las sensaciones táctiles, la sensación del cuerpo), el Cortex Auditivo Primario, el Cortex Olfativo, el Cortex Gustativo… Pero también tenemos las Áreas Secundarias.

Después de que los estímulos para un solo sentido y una sola característica se asocien entre sí (líneas, formas, en V1, por ejemplo) se empiezan a asociar las características del mismo sentido en zonas extendidas del cerebro, normalmente circundantes al Área Primaria. Son el Área Visual Secundaria o el Área Auditiva Secundaria, por ejemplo.

¿Y qué ocurre después? Pues que, de las Áreas de Asociación para cada sentido, sale la información hacia Áreas de Asociación Multimodales. Ahí ocurre la verdadera magia.

Pero con todo esto, aún no hemos hablado de algo crucial en el cerebro: los hemisferios. La característica más evidente cuando vemos un encéfalo humano. ¡Son simétricos, y están partidos como una nuez!

¿Qué ocurre en las Áreas de Asociación Multimodales? ¿Cómo pasamos de la integración de la información de los sentidos a las emociones, las sensaciones, los comportamientos, los pensamientos, la sensación de yo, de tiempo, de continuidad, de unicidad, de consciencia? ¡Estate atenta porque pronto lo descubriremos!


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REFERENCIA

Carlson, N. R., Birkett, M. A., & Ripoll, D. R. (2018). Fisiología de la conducta. Madrid: Pearson Educación.


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¿Cómo funciona el Cerebro?

El Cerebro. Ese misterioso órgano repleto de repliegues dentro de nuestro cráneo. El más complejo, intrincado y desconocido mecanismo biológico que el ser humano ha observado hasta el momento. Una máquina que capta procesa y elabora información a partir de estímulos del entorno y de sí mismo para generar respuestas emocionales, cognitivas y comportamentales.

¿Una definición un poco vaga, no? Lo cierto es que aun teniendo neurólogos y neurocirujanos, aún siendo capaces de realizar operaciones a cerebro abierto, teniendo neurocientíficos, neuropsicólogos, biólogos, médicos, filósofos… no hemos llegado a descifrar aún su misterio más importante.

Sabemos el qué. Qué hace el cerebro, a gran escala. Pero se nos escapa completamente el cómo. ¿Cómo lo hace nuestro cerebro para percibir, para sentir, para crear un mapa de experiencias subjetivas? Tan fuerte es nuestro desconocimiento sobre el cerebro, que quién diga que entiende, es que no ha entendido nada. Y si no te lo crees de mí, deja que uno de los mayores neurocientíficos del mundo nos dé una lección de humildad:

Iñaki Gabilondo entrevista a Rafael Yuste en “Cuando ya no esté”, programa de #0 Movistar+

Te doy la bienvenida a una serie de artículos donde exploraremos juntos el qué, el cómo y el por qué de nuestro cerebro, desde una perspectiva multidisciplinar que va desde la neurociencia hasta la neurofilosofía. Si nuestro órgano por excelencia te intriga y cautiva tanto como a mí, quédate para maravillarnos en este viaje que nos romperá juntos la cabeza.

Pero antes de nada…

¿Cómo funciona el Cerebro?

Si has captado mi primer mensaje, ya sabes que no voy a ser capaz de responder a esa pregunta. Pero que no podamos explicar cómo ocurre la magia dentro del cerebro, no significa que no podamos explicar muchas, muchas cosas sobre él. Y te aseguro que todo lo que sí sabemos y podemos explicar va a cambiar tu perspectiva sobre ti y todo lo que te rodea.

Sí. Vas a tener que agarrarte fuerte allí donde estés sentada, porque este no será un viaje fácil de transitar. No vamos a aprender de neurobiología solo por el saber, o para aprobar un examen. En esta serie, la neurobiología nos servirá para empezar a responder una de las preguntas más vertiginosas que como seres humanos podemos hacernos:

“¿Qué es La Realidad?”

Pero para llegar a ese punto tenemos que construir un edificio argumental muy firme. Necesitaremos entender desde el principio, y eso implica hacer una incursión a los básicos de la neurobiología. Te cuento algunas características cruciales de los cerebros y los sistemas nerviosos en general.

Tú eres tu Sistema Nervioso

Así. Como lo oyes. Tu cuerpo es una carcasa de hueso, tendones, músculo, piel, tejidos y órganos. Ese precioso mecanismo biológico no siente ni se mueve por sí solo. Necesita de un sistema nervioso, de un órgano que esté completamente dedicado a captar información y tomar decisiones: ¿Qué ocurre? ¿Dónde ocurre? ¿Qué hay que hacer? A eso juega el cerebro.

Para responder a esas preguntas, el cerebro necesita mucha, mucha información. Una información que viene dada por los sentidos y los receptores distribuidos por todo nuestro cuerpo. Cada órgano sensorial es un mecanismo específico de obtención de información para el cerebro.

Los ojos transforman en estímulos neuronales el impacto de fotones en la retina. La piel transforma distintos tipos de presión mecánica, vibraciones y temperatura en estímulos neuronales. La nariz transforma la interacción de distintas substancias químicas que llegan a su interior en estímulos neuronales. La lengua transforma la interacción de distintas substancias químicas que llegan al interior de las papilas gustativas en estímulos neuronales.

Con muchas variaciones, podemos idealizar un esquema de cómo el cerebro recoge bits de información del exterior a través de estos sentidos. Para generar mapas complejos de lo que ocurre necesita una gran cantidad de información precisa, así que todo ello empieza en las mismísimas células.

Cerebro
Imagen de Pete Linforth en Pixabay.

El lenguaje del Cerebro

En el proceso de recogida de información una célula receptora recibe un estímulo físico o químico. Por ejemplo, en la retina, los bastones y los conos (que son las células receptoras de los ojos) reciben un estímulo físico; en este caso la llegada de un fotón a su interior. El fotón interactúa con una molécula del bastón y produce una cascada de acontecimientos químicos dentro de la célula receptora. Esta cascada es la reacción interna de la célula receptora al estímulo exterior. Una cadena muy específica de movimientos moleculares.

Resulta que todas las células receptoras están conectadas a una neurona por la puerta trasera. De hecho, las neuronas no son unas células relegadas al cerebro. Tenemos neuronas en todo el cuerpo. Y muchas de ellas cumplen la función de recibir y transmitir el mensaje de la célula receptora a otra neurona más cercana al cerebro.

Como habrás intuido, la reacción química en cascada producida por la célula receptora termina activando o estimulando la neurona a la cual está conectada. ¿No te estás emocionando? Deberías. Acabamos de transformar un estímulo físico del mundo exterior al lenguaje del cerebro. ¿Se te ocurre cómo puede aplicarse este mismo mecanismo a otros sentidos? ¿Cómo se las ha ingeniado la evolución biológica para crear células capaces de captar distintos tipos de información del entorno?

Cerebro
Neurobiología
Neurociencias
Imagen de cottonbro en Pexels.com.

Más allá de mis divagaciones retóricas, volvamos al punto en el que estábamos. Un receptor acaba de traducir un estímulo del entorno al lenguaje de las neuronas. La neurona a la que está conectada ese receptor se activa, y su activación activa a la vez la siguiente neurona de la cadena, hasta llegar a una neurona que efectivamente ya está ubicada en un área dentro del cerebro.

Pero está claro que con un solo bit de información no hacemos nada. Necesitamos millones de bits. Y para ello, las neuronas vinculadas a su receptor se agrupan sin mezclarse. Sus prolongaciones, normalmente sus axones, se agrupan formando haces que recogen las colas de todas las neuronas de una misma zona.

Son los nervios. No, no los tuyos cuando expones. Los nervios del sistema nervioso. El cableado que transporta la información.

Tu Gran Mapa de la Realidad

Cerebro
Mapa
Imagen de Suzy Hazelwood en Pexels.com.

Las fibras nerviosas, los nervios, van juntándose a medida que se alejan de sus receptores de origen, formando haces cada vez más grandes que transportan información de zonas cada vez más grandes. Así, en fisiología podemos identificar, por ejemplo, nervios que transportan la información táctil de una sección lateral del cuerpo, por entero. Hemos pasado de una escala celular a una escala anatómica.

Estos nervios tan importantes van directamente al sistema nervioso central, conectándose todos a la médula espinal o al tronco del encéfalo, o en ocasiones con vías de entrada directas al cerebro.

El caso es que, atentas y atentos: jamás se pierde la correspondencia con el receptor. Sí. Repítelo conmigo. Esto es muy importante. Jamás se pierde la correspondencia con el receptor.

¿Y qué implica esto? Ajá. Buena pregunta. Estamos llegando al momento de éxtasis. Ya vemos la cima. El café está servido. La ropa está tendida. Agárrate fuerte.

Este aparentemente inofensivo hecho implica que, en un lugar de tu cerebro, existe una neurona que responde única y exclusivamente a una célula receptora de otro lado de tu cuerpo (con matices). O, en otras palabras: existe una célula receptora táctil en el dedo gordo de tu pie izquierdo que hace que se active una neurona específica para ese receptor a metro y algo de distancia (depende de lo que midas) en tu corteza somatosensorial primaria derecha. En tu coco.

¡O en otras palabras! Una célula receptora X en cualquier órgano sensorial del cuerpo activará su neurona X correspondiente en el cerebro, y una célula receptora Y activará su neurona Y correspondiente. Esto crea literalmente mapas de neuronas en el cerebro que corresponden a las distintas distribuciones de los sentidos distribuidos por tu cuerpo.

Es decir: tenemos un mapa de neuronas correspondiente a cada célula sensitiva de nuestra piel, de nuestra retina, de nuestro olfato, de nuestro oído.

Literalmente podemos encontrar las manos, los pies y los brazos en los repliegues de nuestro cerebro.

En neurobiología, esto se llama Mapa Topográfico, y es la clave para cruzar el umbral de nuestro viaje hacia la neurofilosofia.

El Cerebro Fantasma

Cerebro
Consciencia
Photo by David Cassolato on Pexels.com

Terminando, responderé a tu pregunta jamás realizada. ¿Qué pasa si nos saltamos todo el circuito entre el receptor y la neurona específica de la corteza cerebral?

Más o menos, si estimuláramos a través de tu cráneo, correctamente y con herramientas suficientemente precisas, varias neuronas corticales de tu cerebro sin que hubieran recibido un estímulo por parte de sus receptores correspondientes, imitando el tipo de estímulo que recibe la neurona cuando viene por parte del receptor…

Notarías exactamente lo mismo que si el estímulo proviniera del receptor.

Sensaciones en la piel, gustos, olores, sonidos…

Así es. El receptor y su cadena neuronal son una herramienta biológica que activa en última instancia la neurona sensorial protagonista en el cerebro. Pero la sensación que tú experimentas no proviene del receptor. La sensación es algo mucho más complejo, y su inicio real proviene del mismo cerebro.

Impresionante, ¿No? Si no te estás desparramando en la silla estás vacía por dentro. Si es porque no te lo crees, aquí tienes una noticia reciente que habla de esta locura, un estudio conducido por la Universidad Pablo de Olavide y publicado en Scientific Reports de Nature.

¿Ahora entiendes por qué eres tu sistema nervioso?


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¿Qué ocurre con la neurona protagonista? ¿Cómo se convierte su actividad, o la de miles y millones de neuronas, en una sensación que percibimos subjetivamente? ¿Cómo el cerebro crea nuestras respuestas? ¿Existe el libre albedrío? ¿Qué son los pensamientos? ¡Todas estas cuestiones y mucho más! ¡Te doy la bienvenida a Nuestro Cerebro!

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