Nuestros Orígenes: El Primer Ciclo de la Humanidad

En el capítulo anterior veíamos como de cerca estamos genéticamente de los miembros del género Pan, los chimpancés y los bonobos. Esas mutaciones, esos cambios en nuestro ADN que nos diferencian de nuestros primos lejanos, están forjadas en el yunque de la evolución en África a lo largo de más de 6 millones de años.

Si nos cuesta resumir 1000 años de historia en un solo pensamiento, imagínate 6 millones de años. Ni 60.000 años, ni 600.000 años. 6 millones. Piensa en todos los individuos homínidos que han llegado a existir en todo este tiempo. Imposible de hacer, pero pruébalo. Sus vidas han sido tan reales como la tuya. ¿Cómo te imaginas la vida en la sabana?

También hablábamos de la diferencia crucial que nos define a los humanos: la cultura simbólica. Pero para llegar a hablar de ella tendremos que esperar. No es hasta hace aproximadamente 100.000 años que llegamos a tener los cuerpos y los cerebros propios de la especie y subespecie Homo sapiens sapiens. Y no es hasta hace unos 70.000 años que aparece el simbolismo.

Así que, ¿Qué ocurrió entre hace 6 millones de años y hace 100.000 años que impulsara así la aparición de cerebros capaces de simbolizar?

La Cuna de la Humanidad

Como ya vimos anteriormente, el nacimiento de la rama ancestral de la humanidad tiene lugar en algún lugar de la África. Este nacimiento viene promovido especialmente por una transición del movimiento mixto de los chimpancés al bipedismo obligado de los australopitecos.

Antes de continuar, permíteme hacer un paréntesis:

En biología, los organismos se dividen en taxones. Categorías globales, cuya jerarquía recibe un nombre. Por ejemplo, el taxón que engloba a todos los animales es el Reino. Por eso decimos el Reino animal, diferenciado del Reino vegetal. Para hacerlo más bonito y difícil cada taxón también recibe un nombre en latín. Para el Reino animal, Animalia. Para el Reino vegetal, Plantae, etc.

¡Pero atenta, atento! Toda. Repite conmigo. TODA la vida a La Tierra proviene de un mismo organismo ancestral. ¿Lo sabías? Pues tiene nombre italiano. Se llama LUCA.

Por sus siglas en inglés: “Last Universal Common Ancestor” o lo que es lo mismo: el último ancestro común universal. El tipo de organismo del que proviene toda la vida que conocemos. Vivió hace (agárrate) entre 3.500 y 3.800 millones de años, aunque hay estudios recientes que lo sitúan en hace 4.500 millones de años. Sí. Casi nada.

LUCA habría sido un organismo unicelular. Una célula flotando con ADN desparramado en su interior, sin siquiera un núcleo. Ten un poco de respeto por tus mayores. Estás delante de nuestro familiar más lejano. LUCA vendría a ser la madre de toda la vida que conocemos actualmente:

¿Has pensado nunca que, si hicieras un árbol genealógico de tu familia lo suficientemente largo, llegarías a poner en él fotografías de Homo erectus con un aire a ti? Estamos igual de conectados con nuestro pasado evolutivo que con nuestros bisabuelos.

Pero a lo que iba. Esto te lo decía porque, si toda la vida parte de un mismo punto, los taxones convergen todos hacia LUCA. Los Reinos convergen en Dominios: Archaea (Arqueas), Bacteria (Bacterias), i Eukarya (Eucariotas, organismos con núcleo para proteger el ADN en sus células), y hasta podríamos hacerlos converger entre seres vivos y seres inertes. Pero sigamos.

Desde lo más bajo de la jerarquía, hacia arriba, tú, como Homo sapiens sapiens, formas parte de la subespecie H. s. sapiens, de la especie H. sapiens, del Género Homo, de la Tribu Hominini (que incluye a todos los chimpancés, todos los Homo extinguidos y sus ancestros, y a nosotros), de la Familia de los homínidos (todos los chimpancés, gorilas, orangutanes y humanos), del Orden de los primates, de la Clase Mammalia (mamíferos), del Filo de los cordados, del Reino animal, del Dominio eucariota.

Compartimos ancestro común con cada taxón. ¡Sí! Cuando te mires a los ojos con tu perro o tu gato, piensa que sois familia lejana. Concretamente, tenemos una abuela común de hace entre 80 y 100 millones de años.

Pues vaya paréntesis me ha quedado. ¿Por dónde íbamos?

Cuando hablamos de nuestros ancestros, tenemos que diferenciar cuatro momentos generales de la evolución: el momento de bifurcación taxonómica entre nuestra rama y la de los chimpancés, el momento en que fuimos australopitecos del Género Australopithecus, el momento en que nos convertimos en Género Homo, y el momento en que la única especie viva del Género Homo es la sapiens.

La Infancia de la Humanidad

Esto ya lo vimos en el anterior capítulo. La infancia de la humanidad no se diferencia demasiado en lo que es la vida de los chimpancés y bonobos en la actualidad. En este periodo de tiempo, que comprende un espacio de entre 8-6 millones de años hasta hace unos 4 millones de años, encontramos fósiles como el Sahelanthropus tchadensis (te juro que no he aporreado el teclado) i el Orrorin tugenensis. Individuos con cerebros de tamaño similar al de chimpancés y bonobos, pero con dientes más pequeños y la columna vertebral ligeramente más centrada hacia el cráneo: indicio de una adaptación evolutiva a favor de moverse de pie.

Imagen de Alexas_Fotos en Pixabay 

Vayamos por partes. Los australopitecos son el género extinto que precede a todos los Homo. Pero no te imagines la evolución como una escalera lineal donde unos se transforman en los otros de manera clara y definitiva. Al igual que nosotros, que vivimos a la vez que los chimpancés, los primeros Homo podrían haber coexistido con australopitecos, aún habiendo evolucionado los Homo de ellos mismos. Si esto te vuela la cabeza, pronto hablaremos de cómo funciona realmente la evolución.

¿Cómo eran los australopitecos? ¿Cómo vivían?

De la especie más famosa de australopitecos, el Australopithecus afarensis, se han encontrado más de 300 individuos. Vivieron al este de África (Etiopía, Kenia, Tanzania) hace entre 3,85 y 2,95 millones de años. La famosa Lucy (que recibe este nombre porque los investigadores que la encontraron escuchaban Lucy in The Sky With Diamonds mientras estudiaban sus restos) es una Australopithecus afarensis. También existen otras especies de australopiteco, como los Australopithecus anamensis, A. sediba o A. africanus o A. garhi.

Pero lo importante es entender que eran individuos completamente adaptados para andar sobre sus dos patas. De hecho, en Laetoli (Tanzania) se encontraron sus huellas bípedas fosilizadas por la erupción de un volcán. Aún así, sus manos presentan características propias de los primates arbóreos, por lo que con facilidad podrían haber utilizado los árboles como refugio.

Sus cerebros, aún siendo más grandes que los de los chimpancés y bonobos actuales, eran pequeños si los comparamos con los nuestros. Una tercera parte, más o menos. Y de momento no hay indicios claros de que hubiesen utilizado herramientas modificadas.

De lo que sí hay indicios, es de que eran cazados como cualquier otra presa por depredadores como leones, leopardos y hienas. Así que no. Aún no cazaban en grupo. Como mucho, comían insectos y animales pequeños como lagartos. Pero su dieta base habrían sido las plantas, las raíces, las semillas y las frutas.

Así que los australopitecos, aún siendo homínidos completamente bípedos y con cerebros ligeramente más grandes que los de los chimpancés y bonobos, no presentan indicios de comportamientos más complejos que los que ya vemos en nuestros primos lejanos: con juego, vidas sociales activas, jerarquías, cuidado y educación de las crías y cooperación.

Y aún así, habitaron la tierra durante más de 2 millones de años. Mucho, muchísimo más de lo que los humanos actuales llevamos aquí.

¿Qué pasa después de los australopitecos? ¿Cómo empezamos a utilizar herramientas? ¿Y qué efecto tiene esto en nuestros cerebros? ¿Cómo y por qué llegamos a triplicar su tamaño? ¿Cómo pasamos de ser una especie de primates bípedos en África a estar presentes en casi todos los continentes del mundo? ¡Todo esto y mucho más en el próximo capítulo!


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Ilustración de Núria PI

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REFERENCIAS

Australopithecus afarensis. (2020, January 10). Retrieved November 18, 2020, from https://humanorigins.si.edu/evidence/human-fossils/species/australopithecus-afarensis

Harari, Y. N. (2018). Sapiens: A brief history of humankind. New York: Harper Perennial.

Human Family Tree. (2019, January 15). Retrieved November 18, 2020, from https://humanorigins.si.edu/evidence/human-family-tree

Sahelanthropus tchadensis. (2020, January 10). Retrieved November 18, 2020, from https://humanorigins.si.edu/evidence/human-fossils/species/sahelanthropus-tchadensis


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¿Qué nos hace humanos?

Cómo nos gusta a los seres humanos sentirnos únicos. ¡Ah! Qué lejos estamos de la selva o las tundras heladas, de la salvaje ley de la supervivencia del más fuerte, de la vida en el suelo y en los árboles. De comer fruta todo el día tumbados al sol… ¡Somos unos evolucionados!

Atentas, atentos, porque hoy vengo potentorro. Te voy a dar argumentos para que destronemos juntos al rey del antropocentrismo. Y voy a empezar por la conclusión:

Somos unos animales.

Ya. Que ya lo sabías. ¿Pero hasta qué punto eres consciente de lo poco, poquísimo, que nos separa del día a día a la intemperie junto a la manada? Yo te lo digo. Quédate con esta cifra: 1,2%

Si agarramos el ADN de una célula de chimpancé, anotamos el orden de todas las moléculas que componen sus genes, y luego lo comparamos con la misma secuencia de una célula humana, adivina: sólo hay un 1,2% de diferencia.

¿Somos chimpancés en un 98,8%? Lo cierto es que para llegar a esa cifra se han ignorado las modificaciones incomparables entre humanos y chimpancés (por ejemplo, que ellos tienen 24 pares de cromosomas y nosotros 23), pero en general se contabilizan como un 5-6% de diferencia más.

Así que aún sin poder decirte una cifra exacta, queda claro que estamos muy, muy cerca de los chimpancés. ¡O ellos de nosotros! Son el género animal existente más cercano a nosotros. Nuestros primos hermanos.

De hecho, gracias al cruce de datos genéticos y arqueológicos, sabemos que los chimpancés, el género Pan, y nosotros, el género Homo, nos separamos en África hace entre 6 y 8 millones de años. O lo que es lo mismo. Hace más de 6 millones de años chimpancés y humanos éramos exactamente el mismo animal.

¿No te ha despertado algo ese dato anterior de los porcentajes? Hay una duda en ti. Sí. Sácala.

¿Cómo puede ser que un porcentaje tan pequeño de variación genética resulte en una diferencia tan grande entre especies? Nosotros tenemos Instagram y TikTok, cohetes, sistemas de salud pública (bastante tocados). Ellos tienen frutas y siestas en los árboles. ¿Pero qué es lo que realmente nos diferencia?

Como siempre, una pregunta muy conveniente para mi argumentación. Gracias. Resulta que esas diferencias genéticas, aunque a nivel cuantitativo son relativamente pocas, a nivel cualitativo permiten algo novedoso en la historia de la evolución biológica:

La aparición de la cultura simbólica.


¡Te doy la bienvenida a la serie Coevolución! ¿Qué relación hay entre los genes y tu smartphone? ¿Por qué nuestros cerebros modernos son más pequeños que los de los humanos prehistóricos? ¿Por qué el animal con el cerebro más grande del planeta no es el animal más inteligente? ¿Por qué si nos parecemos tanto a los chimpancés, no vivimos como ellos? ¿Por qué nos sienta tan bien el bosque? ¡Descubramos juntos todo esto y mucho más!

Pero antes…

¿Cómo empezó todo?

En nuestras vidas aprendemos a andar temprano, y esto acompaña e impulsa nuestro crecimiento, forma parte de él. Pues la humanidad hizo lo mismo. Aprendimos a andar. Y eso desencadenó un proceso evolutivo imparable.

El bipedismo es nuestro primer motor evolutivo en nuestra historia, antes de que llegáramos siquiera a ser parte del género Homo. Pero para el carro. El bipedismo no es una característica solamente humana. Un pollo es bípedo. Un oso puede andar sobre sus dos patas traseras. Algunos dinosaurios lo fueron… y la mayoría de los simios combinan la bipedestación con el andar a cuatro patas, la trepa o la braquiación.

Así que todos los simios pueden andar sobre sus dos patas. Pero si se encuentran en peligro ante un depredador en una pradera, huir sobre sus dos patas puede suponer su perdición. Su bipedismo no es su modo de moverse más eficiente. El nuestro sí. O prueba tú de escaparte de un perro rabioso a cuatro patas.

Sea como sea, en algún momento de nuestra evolución, es posible que los cambios geográficos y climáticos de África provocaran deforestaciones naturales en zonas donde vivían nuestros antepasados. La falta de árboles les habría obligado a vivir mucho más tiempo en el suelo, a merced de los depredadores.

Imagen de Henkb67 en Pixabay 

Y si eres bajito y tienes que vivir entre la hierba alta de la sabana, o te pones de pie para prevenir el peligro en el horizonte, o eres la cena de cualquiera.

Pero resulta que cuando te pones de pie, tienes las manos libres.

Así que además de prevenir el peligro, puedes tirarle piedras al peligro. O tener un palo con el que atizarle al peligro. Algo muy eficaz cuando tus caninos están adaptados para comer plantas, y no para defenderte.

¡Y no solo esto! Estando de pie puedes llevar cosas de un lado a otro, y solo tu cabeza recibe la radiación directa del sol. Muchas ventajas juntas para una misma característica.

Esto le gusta a la evolución.

Y así empieza la fiesta.

A lo largo de generaciones aquellos individuos que mutan a favor de un bipedismo más eficiente sobreviven más y mejor. Los cambios óseos y musculares para mejorar el andar de nuestros antepasados comportan modificaciones cruciales en las caderas. Y esto, aunque supone una ventaja, genera un problema a las hembras a la hora de parir. La cadera bípeda es demasiado estrecha.

Los grandes cráneos de las crías empiezan a suponer serios problemas, así que nacen cada vez más inmaduras, con un cerebro más pequeño, para no ser letales durante el parto. Esto hace que la infancia se prolongue en el tiempo, así como el vínculo maternofilial. El proceso de maduración es más pausado… ¡Y está más influenciado por el entorno del individuo!

El bipedismo también cambia el paradigma sexual. Una de las posturas más eficientes durante el sexo reproductivo de los homínidos pasa a ser el misionero. ¡Mirando a la cara! Esto fortalece y refuerza aún más los vínculos grupales. Todo ventajas. Tenemos a la evolución on-fire y no va a parar.

Lo que te acabo de resumir en pocos cientos de palabras, ocurre en África a lo largo de uno o dos millones de años. Y ni tan solo hemos llegado al género Homo. Hablamos de cómo nuestros ancestros pasan de ser simios muy parecidos a los chimpancés a ser simios muy parecidos a los chimpancés, que andan sobre dos patas. Los Australopitecos. ¿Te suena Lucy? Hablaremos de ella.

Imagen de Daniel Polák en Pixabay 

¿¡Y qué pasa con el cerebro?! Buah. Mucho, muchísimo pasa. De los primeros homínidos a los australopitecos llegamos a doblar el volumen del cerebro sin grandes cambios de tamaño corporal. Y de los primeros cerebros al nuestro, hay cambios impresionantes y únicos. Una pasada.

Pero por hoy ya es suficiente. ¡Esto se merece un capítulo por entero!

Venga, aquí va un bonus-track. Que se que te gustan los vídeos de chimpancés.

El juego social es una parte muy importante de la vida de los chimpancés.

¿Sientes ese ruido? Es nuestro antropocentrismo rompiéndose en pedazos. ¡Esto solo acaba de empezar!


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REFERENCIAS

Genetics. (2018, September 14). Retrieved November 06, 2020, from https://humanorigins.si.edu/evidence/genetics

Human Family Tree. (2019, January 15). Retrieved November 06, 2020, from https://humanorigins.si.edu/evidence/human-family-tree

Ko, K. H. (2015). Origins of Bipedalism. Brazilian Archives of Biology and Technology, 58(6), 929-934. doi:10.1590/s1516-89132015060399

Sahelanthropus tchadensis. (2020, January 10). Retrieved November 06, 2020, from https://humanorigins.si.edu/evidence/human-fossils/species/sahelanthropus-tchadensis


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