¿Qué nos hace humanos?

Cómo nos gusta a los seres humanos sentirnos únicos. ¡Ah! Qué lejos estamos de la selva o las tundras heladas, de la salvaje ley de la supervivencia del más fuerte, de la vida en el suelo y en los árboles. De comer fruta todo el día tumbados al sol… ¡Somos unos evolucionados!

Atentas, atentos, porque hoy vengo potentorro. Te voy a dar argumentos para que destronemos juntos al rey del antropocentrismo. Y voy a empezar por la conclusión:

Somos unos animales.

Ya. Que ya lo sabías. ¿Pero hasta qué punto eres consciente de lo poco, poquísimo, que nos separa del día a día a la intemperie junto a la manada? Yo te lo digo. Quédate con esta cifra: 1,2%

Si agarramos el ADN de una célula de chimpancé, anotamos el orden de todas las moléculas que componen sus genes, y luego lo comparamos con la misma secuencia de una célula humana, adivina: sólo hay un 1,2% de diferencia.

¿Somos chimpancés en un 98,8%? Lo cierto es que para llegar a esa cifra se han ignorado las modificaciones incomparables entre humanos y chimpancés (por ejemplo, que ellos tienen 24 pares de cromosomas y nosotros 23), pero en general se contabilizan como un 5-6% de diferencia más.

Así que aún sin poder decirte una cifra exacta, queda claro que estamos muy, muy cerca de los chimpancés. ¡O ellos de nosotros! Son el género animal existente más cercano a nosotros. Nuestros primos hermanos.

De hecho, gracias al cruce de datos genéticos y arqueológicos, sabemos que los chimpancés, el género Pan, y nosotros, el género Homo, nos separamos en África hace entre 6 y 8 millones de años. O lo que es lo mismo. Hace más de 6 millones de años chimpancés y humanos éramos exactamente el mismo animal.

¿No te ha despertado algo ese dato anterior de los porcentajes? Hay una duda en ti. Sí. Sácala.

¿Cómo puede ser que un porcentaje tan pequeño de variación genética resulte en una diferencia tan grande entre especies? Nosotros tenemos Instagram y TikTok, cohetes, sistemas de salud pública (bastante tocados). Ellos tienen frutas y siestas en los árboles. ¿Pero qué es lo que realmente nos diferencia?

Como siempre, una pregunta muy conveniente para mi argumentación. Gracias. Resulta que esas diferencias genéticas, aunque a nivel cuantitativo son relativamente pocas, a nivel cualitativo permiten algo novedoso en la historia de la evolución biológica:

La aparición de la cultura simbólica.


¡Te doy la bienvenida a la serie Coevolución! ¿Qué relación hay entre los genes y tu smartphone? ¿Por qué nuestros cerebros modernos son más pequeños que los de los humanos prehistóricos? ¿Por qué el animal con el cerebro más grande del planeta no es el animal más inteligente? ¿Por qué si nos parecemos tanto a los chimpancés, no vivimos como ellos? ¿Por qué nos sienta tan bien el bosque? ¡Descubramos juntos todo esto y mucho más!

Pero antes…

¿Cómo empezó todo?

En nuestras vidas aprendemos a andar temprano, y esto acompaña e impulsa nuestro crecimiento, forma parte de él. Pues la humanidad hizo lo mismo. Aprendimos a andar. Y eso desencadenó un proceso evolutivo imparable.

El bipedismo es nuestro primer motor evolutivo en nuestra historia, antes de que llegáramos siquiera a ser parte del género Homo. Pero para el carro. El bipedismo no es una característica solamente humana. Un pollo es bípedo. Un oso puede andar sobre sus dos patas traseras. Algunos dinosaurios lo fueron… y la mayoría de los simios combinan la bipedestación con el andar a cuatro patas, la trepa o la braquiación.

Así que todos los simios pueden andar sobre sus dos patas. Pero si se encuentran en peligro ante un depredador en una pradera, huir sobre sus dos patas puede suponer su perdición. Su bipedismo no es su modo de moverse más eficiente. El nuestro sí. O prueba tú de escaparte de un perro rabioso a cuatro patas.

Sea como sea, en algún momento de nuestra evolución, es posible que los cambios geográficos y climáticos de África provocaran deforestaciones naturales en zonas donde vivían nuestros antepasados. La falta de árboles les habría obligado a vivir mucho más tiempo en el suelo, a merced de los depredadores.

Imagen de Henkb67 en Pixabay 

Y si eres bajito y tienes que vivir entre la hierba alta de la sabana, o te pones de pie para prevenir el peligro en el horizonte, o eres la cena de cualquiera.

Pero resulta que cuando te pones de pie, tienes las manos libres.

Así que además de prevenir el peligro, puedes tirarle piedras al peligro. O tener un palo con el que atizarle al peligro. Algo muy eficaz cuando tus caninos están adaptados para comer plantas, y no para defenderte.

¡Y no solo esto! Estando de pie puedes llevar cosas de un lado a otro, y solo tu cabeza recibe la radiación directa del sol. Muchas ventajas juntas para una misma característica.

Esto le gusta a la evolución.

Y así empieza la fiesta.

A lo largo de generaciones aquellos individuos que mutan a favor de un bipedismo más eficiente sobreviven más y mejor. Los cambios óseos y musculares para mejorar el andar de nuestros antepasados comportan modificaciones cruciales en las caderas. Y esto, aunque supone una ventaja, genera un problema a las hembras a la hora de parir. La cadera bípeda es demasiado estrecha.

Los grandes cráneos de las crías empiezan a suponer serios problemas, así que nacen cada vez más inmaduras, con un cerebro más pequeño, para no ser letales durante el parto. Esto hace que la infancia se prolongue en el tiempo, así como el vínculo maternofilial. El proceso de maduración es más pausado… ¡Y está más influenciado por el entorno del individuo!

El bipedismo también cambia el paradigma sexual. Una de las posturas más eficientes durante el sexo reproductivo de los homínidos pasa a ser el misionero. ¡Mirando a la cara! Esto fortalece y refuerza aún más los vínculos grupales. Todo ventajas. Tenemos a la evolución on-fire y no va a parar.

Lo que te acabo de resumir en pocos cientos de palabras, ocurre en África a lo largo de uno o dos millones de años. Y ni tan solo hemos llegado al género Homo. Hablamos de cómo nuestros ancestros pasan de ser simios muy parecidos a los chimpancés a ser simios muy parecidos a los chimpancés, que andan sobre dos patas. Los Australopitecos. ¿Te suena Lucy? Hablaremos de ella.

Imagen de Daniel Polák en Pixabay 

¿¡Y qué pasa con el cerebro?! Buah. Mucho, muchísimo pasa. De los primeros homínidos a los australopitecos llegamos a doblar el volumen del cerebro sin grandes cambios de tamaño corporal. Y de los primeros cerebros al nuestro, hay cambios impresionantes y únicos. Una pasada.

Pero por hoy ya es suficiente. ¡Esto se merece un capítulo por entero!

Venga, aquí va un bonus-track. Que se que te gustan los vídeos de chimpancés.

El juego social es una parte muy importante de la vida de los chimpancés.

¿Sientes ese ruido? Es nuestro antropocentrismo rompiéndose en pedazos. ¡Esto solo acaba de empezar!


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¡Te doy la bienvenida a Coevolución!

Ilustración de Núria PI

REFERENCIAS

Genetics. (2018, September 14). Retrieved November 06, 2020, from https://humanorigins.si.edu/evidence/genetics

Human Family Tree. (2019, January 15). Retrieved November 06, 2020, from https://humanorigins.si.edu/evidence/human-family-tree

Ko, K. H. (2015). Origins of Bipedalism. Brazilian Archives of Biology and Technology, 58(6), 929-934. doi:10.1590/s1516-89132015060399

Sahelanthropus tchadensis. (2020, January 10). Retrieved November 06, 2020, from https://humanorigins.si.edu/evidence/human-fossils/species/sahelanthropus-tchadensis


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Marçal Castán Sogas. Psicólogo. Creador de Psientive.

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