Radiografiando a la Conspiración: 1ª parte

Son tiempos inciertos. La globalización y deslocalización de la política nos hacen sentir que tenemos muy poco impacto a través de la participación ciudadana. Rabia, frustración, indefensión. Las opresiones sistemáticas siguen ahí y se replican globalmente. Las vemos, las vivimos, las mantenemos. Y luchamos para romper con ellas. Cada una como puede y desde donde puede.

El cambio climático acecha. Las nuevas generaciones no hemos vivido la caída del muro de Berlín, la caída de los dictadores del siglo pasado o la fundación de la unión europea. Hemos vivido y crecido en plena crisis económica. Hemos vivido y crecido con fechas señaladas para el punto de no-retorno del cambio climático. ¿Qué futuro nos espera? ¿Qué futuro nos han dejado?

Hemos vivido el paulatino destrozo de nuestro planeta por parte de un sistema que actúa a propósito con los ojos vendados. Hemos entendido opresiones que han existido en silencio por generaciones: sabemos lo que hay que cambiar. Pero aquellos que tienen el poder fáctico, económico y político, siguen estando lejos de nosotros.

Hemos sufrido una pandemia. Una pandemia que no se hubiera dado si no fuera por la manera en que nos hemos organizado como humanidad. Si no fuera porque el capitalismo y el sistema neoliberal nos ha conducido a este punto de inflexión.

Lo cierto es que el panorama de nuestra sociedad es desalentador. Pero también hay lugar para la esperanza en todo este escenario. ¿Qué haremos los jóvenes con la sociedad que heredamos? ¿Cómo organizaremos el futuro? Está todo por ver. Aún tenemos márgenes para aprender y actuar.

Imagen de Ralf Vetterle en Pixabay 

¡Te doy la bienvenida a Tendencias Globales! La serie donde hablaremos y analizaremos desde una perspectiva multidisciplinar los comportamientos mundiales del pasado y del presente que hablan sobre nosotros mismos y nuestro futuro, el de los seres humanos en la tierra.

Y para empezar, vamos a analizar un movimiento que se ha hecho muy viral últimamente.

Introducción a las Teorías de la Conspiración

Lo cierto es que las Teorías de la Conspiración existen desde hace muchísimo tiempo. Tras la pandemia de COVID-19 hemos vivido una proliferación y un aumento de la visibilidad de este tipo de pensamiento. Habiendo sido la pandemia un suceso a nivel mundial, de afectaciones sociales, políticas, económicas y con restricción de libertades, es natural que las ideas preconcebidas o las teorías conspirativas latentes hayan aflorado con más fuerza, siendo una reacción directa a la pésima gestión del problema por parte de los gobiernos.

Aunque algunas Teorías de la Conspiración son inocuas, muchas de ellas cargan con un falso apoliticismo similar al que han adoptado históricamente regímenes fascistas con la voluntad estratégica de captar seguidores. Todo a partir de una frustración con el sistema y falta de propuestas políticas efectivas. Algo que suele ocurrir tras las crisis.

¿Te parece un poco exagerado? Aunque el colectivo conspiracionista es muy heterogéneo, es fácil encontrar entre ellos el tipo de ideas que te comento. ¿Te suena la idea de “la humanidad es un virus”? ¿Te has planteado nunca qué relación tiene con la eugenesia? Se llama ecofascismo, y es apelar a la reducción de población como sistema “natural” para reducir los problemas que tenemos como sociedad capitalista neoliberal.

Imagen de cromaconceptovisual en Pixabay 

La conspiración del Nuevo Orden Mundial incluye entre otros que el movimiento LGTBIAQ+ (aunque no llegan a todas las letras) está dentro del programa de aquellos que dominan el mundo para confundir a las personas, romper con los “valores naturales” o reducir la población.

Aquí te dejo un ejemplo de algunas opiniones, perspectivas y argumentos de manifestantes conspirativos en España. Rocío Vidal, periodista científica y divulgadora en el canal de Youtube La Gata de Schrödinger, se introdujo en la protesta para entender su movimiento:

Aviso de contenido: ecofascismo y eugenesia, defunciones por COVID-19, violencia verbal, acorralamiento público, machismo.

Lo vimos también con el caso de George Floyd. Según muchos conspiracionistas era un montaje. Y de repente surgió la palabra “Antifa” (de antifascistas) como definitoria de un grupo que opera estructuradamente a favor del nuevo orden. Esto daría para otro artículo entero, pero fíjate cómo trataron de desactivar una protesta legítima promovida por la opresión sistemática de las personas racializadas. Incluyeron a la ideología contraria al fascismo en el saco de la conspiración.

¡Pero bueno, que me voy por las ramas! Veamos algunas de las razones que explican la aparición de las Teorías de la Conspiración y su potente replicación y éxito en el contexto neoliberal occidentalizado.

¿El ser humano es conspirativo por naturaleza?

Si definimos teoría de la conspiración como la convicción de que hay un grupo secreto de agentes poderosos que actúan con propósitos claros y malignos, la respuesta es…

Probablemente sí.

Ya. Que tú no sientes que tengas ese impulso natural. No es tan sencillo. Pero respóndeme a esta pregunta. ¿Puedes NO ver una cara aquí?

Imagen de VikiWi en Pixabay 

Este efecto se llama pareidolia. El reconocimiento automático de patrones faciales por parte del cerebro. Tenemos neuronas dedicadas a buscar un match congruente con la estructura de los rostros de entre todas las figuras y formas de nuestro campo visual. ¿Flipante, no? Si quieres saber más, en este artículo te hablo de ello.

Pues este mismo efecto ocurre con conceptos más abstractos. Se llama apofenia. El reconocimiento de significados y patrones ocultos en acontecimientos y datos, aunque estos sean aleatorios o no tengan nada que ver.

El cerebro es una máquina biológica de buscar patrones. No habríamos podido evolucionar sin una tendencia natural a relacionar estímulos (algo que todos los animales hacen): después del rugido viene el león. Cuando la hierba se mueve así es que hay una presa correteando. Si el viento sopla de aquí mañana lloverá. Si dejo estas semillas aquí el año que viene tengo comida.

O piensa en la superstición. Es lo mismo. Si un gato negro se cruza por mi izquierda algo malo va a ocurrir. ¿Sabes lo que ocurrirá? Que probablemente a lo largo de un día o dos, si te pasa algo malo, lo atribuyas al gato.

Probablemente sin gato te ocurriría algo malo igual, pero el hecho de que le des un significado tan potente al animal hace que lo asocies instantáneamente. Estabas esperándolo. Has creado una hipótesis. Ahí tienes tu confirmación. Toma. Tu cosa mala.

Imagen de Virvoreanu Laurentiu en Pixabay 

Pues el cerebro va haciendo estas cosas. Tiene una característica de fábrica que se llama Horror Vacui. El miedo al vacío. Literalmente. El cerebro rellena agujeros, faltas de información o de estímulos, con invenciones si hace falta.

De hecho, la percepción es un juego entre la información que recibe el cerebro del exterior y la que él activamente rellena y construye. ¡Pero esto para la otra serie!

¿Ves hacia dónde voy? Tenemos un sistema neurobiológico muy propenso a relacionar estímulos entre sí. ¿Para qué? Para predecir. Para controlar. Para actuar. La información es poder. Y a lo largo de nuestra evolución, la información ha sido supervivencia.

Y si con esto no tienes suficiente, agárrate.

Imagínate que estás en un contexto prehistórico. Los primeros poblados neolíticos, pongamos. Una causa común de muerte es la violencia grupal. Y resulta que algunos miembros del poblado con los que no tienes buena relación hablan de ti en susurros.

Vaya.

Por tu parte pueden ocurrir dos cosas:

  • Creas una Teoría de la Conspiración: quieren asesinarte.
  • Les ignoras y sigues con tu feliz vida neolítica.

Por su parte pueden ocurrir dos cosas:

  • Te quieren asesinar realmente.
  • No te quieren asesinar, por cualquier razón.

Así que tenemos cuatro escenarios posibles:

  • Crees en tu teoría conspirativa. Te largas del campamento. Resulta que sí querían matarte. Salvas tu vida.
  • No crees en tu teoría conspirativa. Pero resulta que querían matarte. Te asesinan.
  • Crees en tu teoría. Te largas del campamento, pero no querían matarte. Te has perdido una fiesta de cumpleaños neolítica. Te has equivocado.
  • No crees en la teoría y esta no es real. Estás en lo cierto. Es primavera en tu ego.

Como puedes comprobar, la opción de creer en tu conspiración puede acabar salvando tu vida o en el peor de los casos, demostrándote que estabas equivocada. En cambio, no creer en ella puede o bien acabar dándonos la razón, lo cual nos sentará genial, o bien acabar con nuestra muerte. Un riesgo que pocos querrían correr.

Es pura teoría de juegos (que se suele aplicar mucho a la evolución). La opción de pensamiento con menor riesgo para tu supervivencia será siempre la primera. Así que, en términos evolutivos, se habría seleccionado la tendencia a favorecer la creencia conspirativa y la sospecha por encima del escepticismo.

Pero este es solo el principio. Tenemos predisposiciones neurobiológicas. Vale. Queda claro. ¿Pero cómo hemos llegado a que esto se convierta en un movimiento mundial? ¡Pues te lo cuento!

¡En el próximo capítulo!

¿Cuáles son los mecanismos psicosociales que están promoviendo la replicación en masa de las ideas conspirativas? ¿Cómo se relacionan con la psicología del individuo? ¿Qué son las disonancias cognitivas? ¿Y los sesgos de confirmación? ¿Qué rol tiene el sentimiento de pertinencia dentro de este movimiento? ¡Estate atenta porque pronto lo descubriremos!


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¡Te doy la bienvenida a Tendencias Globales!

Ilustración de Núria PI

Gracias por tu apoyo Pau. Mi primer mecenas. Este proyecto también es un poco tuyo ahora.

Y un agradecimiento muy especial para Gisela. Además de mecenas, referente. Tu fascinación por este proyecto me ha inspirado profundamente. ¡Gracias, gracias! De verdad.


REFERENCIA

Prooijen, J. V., & Vugt, M. V. (2018). Conspiracy Theories: Evolved Functions and Psychological Mechanisms. Perspectives on Psychological Science, 13(6), 770-788. doi:10.1177/1745691618774270


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Marçal Castán Sogas. Psicólogo. Creador de Psientive.

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