Radiografiando a la Conspiración: 2ª parte

Este es un capítulo especial un poco (bastante) más largo de lo habitual. ¡Lee el capítulo anterior antes de continuar!

Vayamos al grano. En el anterior capítulo veíamos como la tendencia humana a generar conspiraciones podría ser un rasgo evolutivo, y muy relacionado con una mayor probabilidad de supervivencia en un contexto donde la mortalidad es debida en parte a la violencia de tu propia especie.

Sí. Somos buscadores de patrones. Por naturaleza. Y la verdad es que nuestra realidad está llena de configuraciones con las que podemos jugar y crear significados. Son puras matemáticas. En tu libro favorito se esconden decenas de mensajes conspirativos:

Dale amor a los subtítulos.

Así que tenemos la predisposición y el escenario. La semilla y la tierra. Solo falta regarlo y un poco de sol. De aquí va a salir un robusto árbol de la conspiración.

La Ciencia y la Cultura de la Desinformación

El primer elemento nutritivo de nuestro creciente árbol es la preconcepción errónea de qué es la ciencia y qué rol juega en nuestra sociedad.

A menudo, las conspiraciones mantienen una relación ambivalente con la ciencia. La mayoría de sus teorías vienen respaldadas por algún que otro científico (esto siempre da credibilidad y fuerza a una idea, ¿No?) pero cuando la ciencia va frontalmente en contra de aquello que se teoriza en el marco de la conspiración, pasa a ser un mecanismo al servicio del orden mundial.

Lo cierto es que nuestra sociedad es muy grotesca, hipócrita, injusta. Se llama capitalismo neoliberal. Está en todas partes, y está repercutiendo en todos los sistemas humanos, ecológicos y ambientales del planeta. Así que la ciencia también está influenciada por nuestro sistema socioeconómico. ¿Se instrumentaliza? Por supuesto. La bomba atómica como ejemplo más claro.

Pero cuando un científico habla de ciencia, la mayoría de las veces se refiere a esto:

Y no a esto:

La propia comunidad científica es capaz de distinguir entre lo que es ciencia y lo que es basura comprada y con intereses. La bomba atómica no era ciencia. Era la instrumentalización de un conocimiento científico a favor de unos intereses militares y genocidas.

Cuando hablamos de ciencia hablamos de generar conocimiento. Hablamos de un método, y nada más. Ni tan solo hablamos de científicos. Ojo con la falacia de autoridad. La ciencia se atañe a las observaciones. Al método científico.

¿Y cuál es ese método?

Históricamente, la ciencia nace a raíz de la filosofía. Desde siempre el ser humano ha querido conocer y entender. Primero lo hicimos racionalmente. Pensando. Pero pronto nos dimos cuenta de que solo con ejercicios mentales no podíamos llegar a entender la realidad que compartimos entre todos los seres.

¡Y ojo! Pensar es y fue la base. Solo con retórica y argumentación racional algunos filósofos clásicos ya llegaron a la conclusión de que la realidad estaba compuesta de átomos.

Pero pronto se encontraron con límites. La razón tenía que complementarse con algo. ¿Cómo podemos llegar a estar lo suficientemente seguros que la realidad se compone de átomos?

Generando observaciones. Medidas.

La ciencia se basa en un ejercicio metódico. Es decir, sistematizado (por eso se llama método científico), que lo que busca es limitar al máximo el sesgo que claramente todos los seres humanos del mundo tenemos. El sesgo de la subjetividad, la ideología, las concepciones previas sobre la naturaleza, las creencias, los deseos, etc.

Imagen de analogicus en Pixabay 

Haz el siguiente ejercicio imaginativo. Eres una filósofa clásica tumbada al sol del ágora. Pensando, has llegado a la conclusión que todos los tejidos biológicos tienen que estar formados por unidades individuales. Las células. Son ellas las que se dividen para aumentar el tamaño de nuestro cuerpo, para cerrar las heridas, para constituir los músculos, la piel, los huesos. Tiene mucho sentido.

Sí. Por cómo lo cuentas, tiene lógica. Pero como seres humanos no conocemos todas las variables de la realidad. Podría haber hechos a los cuales aún no tienes acceso que convirtieran en ilógica tu hipótesis sobre las células. Por ejemplo, que en realidad lo que promueve tu crecimiento y lo que te sana las heridas son los dioses en el olimpo.

Como no tienes métodos para comprobar o refutar la existencia de Zeus, te centras en comprobar o refutar tu idea observable.

Así que lo primero que haces es dudar de ti misma. Te conviertes en escéptica. No aceptas tu hipótesis hasta que no tengas pruebas con las que respaldarla. Aunque todo cuadre. Aunque estés feliz de pensarlo así. Aunque te permita dejar de pagarle tributos al sacerdote de Zeus.

Imagen de Sonia Loewert en Pixabay 

Lo que quieres es entender la realidad, no asumir una concepción que, aunque te gusta, va contigo, te hace sentir cosas, le va bien a tu bolsillo, cuadra con tus ideologías… es errónea.

Quieres acceder a la realidad que compartimos. O a lo más cercano de esa realidad que hay “ahí fuera”, literalmente inalcanzable (¿Sabes por qué? Dale al artículo).

¿Cómo consigues esas pruebas sin que tu deseo de que las células existan sesgue tu observación?

Limitando al máximo tu intervención como observadora.

Así que lo que haces es partir de tu hipótesis y diseñar un experimento para comprobarla.

Primero, necesitarás una herramienta que te permita hacer mediciones y observaciones. Como quien no quiere la cosa, te inventas el microscopio (me he hecho una concesión narrativa ¿Vale? Que nadie se piense que estamos en historia de la filosofía y la ciencia).

Con esa herramienta, diseñas un método. Por ejemplo, lo que harás será enviar a varios filósofos del mundo las instrucciones para construir un microscopio, y les pedirás que recojan muestras de 100 tejidos orgánicos. Cada uno de ellos.

Luego, que los observen a través del microscopio y recojan datos de lo que ven. Que te manden los dibujos de sus observaciones, las cifras. Toda la información que puedan recolectar.

Resulta que de los 10 filósofos que has contactado, todos ellos te mandan cifras, datos y dibujos similares. Todos los tejidos que observan con el microscopio están formados por celdas, de distintos tamaños, con distintas características, pero todos ellos se forman por células. Os habéis convertido en científicos.

Ilustración de Núria PI

¿Así que ya está? ¿Las células existen?

Sí, y no. De momento tienes 1000 muestras de tejido que evidencian la existencia de las células. Aunque te creas que la ciencia es un gigante pedante y sabelotodo, la realidad es muy diferente.

El verdadero espíritu científico es la parsimonia, la paciencia y la prueba constante. De momento puedes afirmar que existen las células tal y como las has observado, pero aún no puedes afirmar que todos los tejidos están formados por células. Lo único que puedes decir es que, de momento, todos los tejidos observados encajan con la idea. Pero harán falta años y miles de observaciones más para que podamos aceptar que las células son la unidad constituyente de los tejidos orgánicos.

En ciencia los conocimientos están en permanente revisión en un ejercicio de construcción activa. Así que de momento tu hipótesis sobre las células tiene toda la pinta de ser certera. Pero vas a tener que seguir recolectando datos, información, observaciones, para poder construir un modelo conciso que explique bien lo que estás observando.

Una Teoría de la Célula.

Y es que Teoría, en ciencia, se refiere a un constructo de conocimiento repleto de hipótesis probadas (con evidencias, como con la célula y el microscopio) de las que se extraen leyes (tendencias naturales que se repiten; por ejemplo, que las células forman tejidos) que explican una parte de nuestra realidad. Teoría es la mayor consideración a la que puede aspirar una explicación científica.

Así que cuando lees sobre la Teoría de la Evolución, la Teoría Celular, la Teoría de la Relatividad, lo que en realidad estás haciendo es leer sobre las construcciones científicas con mayor evidencia recurrente a lo largo de los años, mayor aceptación, respaldo y robustez que el ser humano ha podido ver.

Por ejemplo, en la Teoría de la Evolución se explica que los genes son unidades de información codificada a través del ADN de cada célula. En su núcleo.

Una de sus hipótesis sería que algunos de estos genes se transmiten de generación en generación. Algo probado con evidencia y experimentación desde el señor Mendel (1822-1884).

Es difícil de tumbar una teoría que, además de estar repleta de hipótesis muy verificadas y respaldadas por observaciones y mediciones, interactúa con otras teorías igual de respaldadas y verificadas (por ejemplo, la Teoría de la Célula con la Teoría de la Evolución).

Y fíjate que Mendel ni sabía de la existencia del ADN. Aquí está la cuestión. Mendel descubrió a través de la experimentación científica con guisantes, una ley biológica. Darwin descubrió a través de la observación patrones dentro de los taxones (si quieres saber más sobre qué son, aquí va otro artículo) que justificaban la evolución. Y juntando estas estructuras de conocimiento parciales pero verdaderas con descubrimientos en genética, nos sale la Teoría de la Evolución enfocada desde el Neodarwinismo.

Los Darwinistas acertaban, pero les faltaba información, así que de manera natural llegamos al Neodarwinismo. Igual con Newton. Acertó, pero fue Einstein quién complementó su trabajo y llegó a nuevos lugares de la física.

La ciencia es un ejercicio colectivo precioso, construido a partir del trabajo de predecesores y colegas, y destinado a generar conocimiento cada vez más ajustado y preciso a nuestra realidad observable.

Imagen de Free-Photos en Pixabay 

Vale, hasta aquí muy bien, pero… ¿Y si por lo que sea, quiero que mis hipótesis sean consideradas veraces, y me invento los datos?

La comunidad científica tiene muchas carencias aún, pero se organiza de tal modo que todo el conocimiento se presenta en formato de artículos científicos revisados por varios expertos antes de ser publicados. En estas publicaciones escritas se presentan de un modo sistematizado tus hipótesis, tu método de experimentación y tus hallazgos, tus referencias, el conocimiento previo en el que te basas, etc.

Como decía, siempre partimos de trabajos anteriores. Cada ámbito de la ciencia es una escalera que a veces sube, a veces se reconstruye, y a veces se estanca unos años en un escalón. Y en cada uno de estos ámbitos tenemos distintas revistas especializadas donde publicar nuestros hallazgos para todo el mundo.

Para hacerlo, el artículo se envía a la revista especializada. Por ejemplo, en el caso de nuestra filósofa, podría enviar el descubrimiento a nature, Science, CellPress, etc. Ahí, un panel de expertos en el ámbito revisaría independientemente el artículo, juzgaría el método utilizado, sugeriría revisiones o lo descartaría por errores, fraude, o carencias.

Podemos encontrar muchas pegas a este procedimiento. Pero si al método científico bien aplicado le sumamos además el filtro y revisión mutua (y ciega) de la comunidad, obtenemos el conocimiento más objetivo e imparcial que de momento el ser humano puede generar. La ciencia. Y cuando mejoremos estos sistemas, la ciencia también mejorará con ellos.

El Gran Fraude

Pongamos que eres esa filósofa que tomaba el sol en el ágora. Ya llevas años estudiando las células y construyendo con evidencia tu Teoría Celular. Tienes experiencia en hacer ciencia.

Por lo que sea tienes conexión directa con el presente, y te pasan este artículo:

El SARS-CoV-2 sintetizado artificialmente en laboratorios.

Lo primero que haces como científica es mirar donde está publicado. Lo segundo, quién lo escribe.

Lo escribe una experta. Ok.

No está publicado en ninguna revista científica. Vaya.

Tienes algo de información de base, pero lo importante es el contenido. Lo importante es tu espíritu crítico. Que puedas mirar, leer y entender lo que dice, y llegar a conclusiones.

Pero resulta que, si no entiendes un poco de bioinformática, de evolución y selección natural, de tipos de mutación genética y de técnicas algo avanzadas en este campo, no tienes ninguna herramienta para discernir si el contenido del artículo es coherente o no.

Así que lo más probable es que cuando lo leamos, nos intimiden estas figuras científicas:

Y estas:

Y estas:

Y al final, si somos legos en el tema, nos creamos el título sin más.

Pero tú, como filósofa y científica comprometida con la verdad, te pones a analizar el artículo.

Lo primero que ves es que estamos delante de un artículo que atenta directamente contra el método científico. Su hipótesis, que el coronavirus está sintetizado en un laboratorio, es viable como cualquier otra hipótesis en la ciencia, pero su discurso está desde el minuto 0 sesgado y destinado a convencer al lector de la conclusión, más que de exponer pruebas.

El artículo, pese a tener apariencia de publicación científica, no tiene una estructura metódica, y la mayoría de las figuras que expone no refuerzan su hipótesis, sino que forman parte de lo que ya sabemos sobre el virus. Es un decorado científico. No huele bien.

Si vamos un poco más allá, vemos que todas las citas que utiliza, por ejemplo, cuando decide atacar contra la hipótesis del pangolín como huésped intermedio entre el murciélago y el ser humano, son citas de artículos en pre-print. Es decir, artículos que han sido puestos cara al público por transparencia y protección de derechos, pero que en ningún momento han pasado por una revisión independiente de expertos.

Para este mismo tema en la actualidad ya tenemos artículos publicados en distintas revistas que apuntan que el pangolín no sería el huésped intermedio, pero que a la vez proponen modelos de aparición natural del virus (y que por cierto, apuntan a la organización social humana, a las sociedades modernas y su relación con la vida salvaje como uno de los motores principales de la pandemia).

Si quieres seguir con este tema, te recomiendo este video, donde un bioquímico y doctor en virología nos va a explicar mejor el bulo a través del famoso Javier Santaolalla:

Sesgo de Confirmación y el Efecto Dunning-Kruger

Así que ahora, imagínate que no eres ni una filósofa clásica ni una científica bióloga.

Imagínate que, como la mayoría de las personas en el mundo, no tienes formación avanzada en bioinformática, en virología, en evolución, genética, etc.

Y a la vez, imagínate que hace tiempo que ves cómo de mal está el mundo. Cómo el neoliberalismo nos ha dejado un futuro incierto, un cambio climático en proceso, un conjunto de opresiones, injusticias sistemáticas, pobreza, depresión, suicidios, un sistema educativo estancado, una sanidad cada vez más recortada.

Y ves a personas cínicas por los medios o las redes. Personas con un poco de poder que parece que tienen más control sobre nuestros futuros que nosotros mismos, pero menos interés hacia nuestro bienestar.

Y como es lógico en un sistema neoliberal, sabes que detrás hay la influencia del poder económico. El dinero les controla.

Así que imagínate que empiezas a atribuir esta realidad, no solo a la convergencia de intereses económicos, a la corrupción, al reparto injusto de la riqueza, a cómo se organiza política, burocrática y legalmente la sociedad…

Sino a una mano negra oculta en la sombra. El mal de nuestro mundo personificado en un grupo de conspiradores ocultos.

El dinero controla el mundo, pero puede hacerlo de muchos modos.

Imagen de Madeinitaly en Pixabay 

Recuerda que tienes una posible tendencia natural a la sospecha y a teorizar conspiraciones.

Así que la explicación que tiene todo esto es que hay un plan orquestado. No puede ser que todo pase porque sí. No puede ser que no haya control sobre hechos tan impactantes en nuestra sociedad. Alguien lo decide.

Pues imagina que tienes esta perspectiva del mundo cociéndose dentro de ti y de repente ves un artículo que parece completamente científico, firmado por una viróloga china, y que básicamente apoya la idea que el COVID-19 forma parte de un plan global. Todo encaja. Tenías una hipótesis: la mano negra, el complot mundial, el nuevo orden. Pues ya está.

Confirmadísima.

Y aquí pasan a interactuar dos efectos psicológicos o sesgos cognitivos. Mecanismos habituales en los seres humanos, que promueven y explican un comportamiento cognitivo determinado y estudiado.

Por un lado, el Sesgo de Confirmación es la distorsión cognitiva por la cual solo atendemos a la información que confirma nuestras hipótesis deseadas. Esto provoca un aislamiento progresivo de las ideas contrarias. Lo que se llama una cámara de eco en comunicaciones. Un fenómeno que, si ya ocurría dentro del periodismo, periódicos y tele, ahora ocurre con Twitter, YouTube y las redes sociales en general.

Por otro lado, el Efecto Dunning-Kruger explica como las personas menos expertas en ciertos ámbitos sobreestimamos de partida nuestro conocimiento percibido hacia ese ámbito, precisamente por desconocer profundamente todo lo que ignoramos. En cambio, los expertos en un ámbito suelen infraestimar su conocimiento en ese ámbito porque suelen partir de la base que todo el mundo sabe aquello que ellos saben. Así que tenemos tertulianos haciendo callar a virólogos.

Si además le sumamos a esto una cultura de la posverdad, donde lo importante no es la argumentación sino el envoltorio (emocionalidad, estética, fuerza del mensaje… piensa en eso, los tertulianos que hablan como expertos, o los videos de YouTube editados con música épica e imágenes de multitudes) tenemos preparada la tormenta perfecta.

Ya lo ves. Tenemos una sociedad tocada por todos lados, una tendencia natural a teorizar conspiraciones, a presuponer relaciones y sospechar, un sesgo que nos predispone a retroalimentarnos de aquello que confirma lo que deseamos escuchar, y un sesgo que nos predispone a sobrevalorar lo que sabemos sobre, por ejemplo, virología.

Así que cómo vamos a dudar de un artículo que parece completamente científico, que dice lo que quiero escuchar, del que ni tengo herramientas para criticar desde el ámbito en el que se enmarca (ni las voy a intentar conseguir, porque, básicamente, yo lo veo bien) y que encima firma una experta.

¿Quieres saber más sobre cómo tendemos a la desinformación?

Recuerda que puedes darle amor a los subtítulos en castellano.

¡Esto ya se termina! ¿Qué otros mecanismos psicológicos estudiados mantienen y promueven la teorización de conspiraciones? ¡En el próximo capítulo!


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Ilustración de Núria PI

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Marçal Castán Sogas. Psicólogo. Creador de Psientive.

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Nuestros Orígenes: El Primer Ciclo de la Humanidad

En el capítulo anterior veíamos como de cerca estamos genéticamente de los miembros del género Pan, los chimpancés y los bonobos. Esas mutaciones, esos cambios en nuestro ADN que nos diferencian de nuestros primos lejanos, están forjadas en el yunque de la evolución en África a lo largo de más de 6 millones de años.

Si nos cuesta resumir 1000 años de historia en un solo pensamiento, imagínate 6 millones de años. Ni 60.000 años, ni 600.000 años. 6 millones. Piensa en todos los individuos homínidos que han llegado a existir en todo este tiempo. Imposible de hacer, pero pruébalo. Sus vidas han sido tan reales como la tuya. ¿Cómo te imaginas la vida en la sabana?

También hablábamos de la diferencia crucial que nos define a los humanos: la cultura simbólica. Pero para llegar a hablar de ella tendremos que esperar. No es hasta hace aproximadamente 100.000 años que llegamos a tener los cuerpos y los cerebros propios de la especie y subespecie Homo sapiens sapiens. Y no es hasta hace unos 70.000 años que aparece el simbolismo.

Así que, ¿Qué ocurrió entre hace 6 millones de años y hace 100.000 años que impulsara así la aparición de cerebros capaces de simbolizar?

La Cuna de la Humanidad

Como ya vimos anteriormente, el nacimiento de la rama ancestral de la humanidad tiene lugar en algún lugar de la África. Este nacimiento viene promovido especialmente por una transición del movimiento mixto de los chimpancés al bipedismo obligado de los australopitecos.

Antes de continuar, permíteme hacer un paréntesis:

En biología, los organismos se dividen en taxones. Categorías globales, cuya jerarquía recibe un nombre. Por ejemplo, el taxón que engloba a todos los animales es el Reino. Por eso decimos el Reino animal, diferenciado del Reino vegetal. Para hacerlo más bonito y difícil cada taxón también recibe un nombre en latín. Para el Reino animal, Animalia. Para el Reino vegetal, Plantae, etc.

¡Pero atenta, atento! Toda. Repite conmigo. TODA la vida a La Tierra proviene de un mismo organismo ancestral. ¿Lo sabías? Pues tiene nombre italiano. Se llama LUCA.

Por sus siglas en inglés: “Last Universal Common Ancestor” o lo que es lo mismo: el último ancestro común universal. El tipo de organismo del que proviene toda la vida que conocemos. Vivió hace (agárrate) entre 3.500 y 3.800 millones de años, aunque hay estudios recientes que lo sitúan en hace 4.500 millones de años. Sí. Casi nada.

LUCA habría sido un organismo unicelular. Una célula flotando con ADN desparramado en su interior, sin siquiera un núcleo. Ten un poco de respeto por tus mayores. Estás delante de nuestro familiar más lejano. LUCA vendría a ser la madre de toda la vida que conocemos actualmente:

¿Has pensado nunca que, si hicieras un árbol genealógico de tu familia lo suficientemente largo, llegarías a poner en él fotografías de Homo erectus con un aire a ti? Estamos igual de conectados con nuestro pasado evolutivo que con nuestros bisabuelos.

Pero a lo que iba. Esto te lo decía porque, si toda la vida parte de un mismo punto, los taxones convergen todos hacia LUCA. Los Reinos convergen en Dominios: Archaea (Arqueas), Bacteria (Bacterias), i Eukarya (Eucariotas, organismos con núcleo para proteger el ADN en sus células), y hasta podríamos hacerlos converger entre seres vivos y seres inertes. Pero sigamos.

Desde lo más bajo de la jerarquía, hacia arriba, tú, como Homo sapiens sapiens, formas parte de la subespecie H. s. sapiens, de la especie H. sapiens, del Género Homo, de la Tribu Hominini (que incluye a todos los chimpancés, todos los Homo extinguidos y sus ancestros, y a nosotros), de la Familia de los homínidos (todos los chimpancés, gorilas, orangutanes y humanos), del Orden de los primates, de la Clase Mammalia (mamíferos), del Filo de los cordados, del Reino animal, del Dominio eucariota.

Compartimos ancestro común con cada taxón. ¡Sí! Cuando te mires a los ojos con tu perro o tu gato, piensa que sois familia lejana. Concretamente, tenemos una abuela común de hace entre 80 y 100 millones de años.

Pues vaya paréntesis me ha quedado. ¿Por dónde íbamos?

Cuando hablamos de nuestros ancestros, tenemos que diferenciar cuatro momentos generales de la evolución: el momento de bifurcación taxonómica entre nuestra rama y la de los chimpancés, el momento en que fuimos australopitecos del Género Australopithecus, el momento en que nos convertimos en Género Homo, y el momento en que la única especie viva del Género Homo es la sapiens.

La Infancia de la Humanidad

Esto ya lo vimos en el anterior capítulo. La infancia de la humanidad no se diferencia demasiado en lo que es la vida de los chimpancés y bonobos en la actualidad. En este periodo de tiempo, que comprende un espacio de entre 8-6 millones de años hasta hace unos 4 millones de años, encontramos fósiles como el Sahelanthropus tchadensis (te juro que no he aporreado el teclado) i el Orrorin tugenensis. Individuos con cerebros de tamaño similar al de chimpancés y bonobos, pero con dientes más pequeños y la columna vertebral ligeramente más centrada hacia el cráneo: indicio de una adaptación evolutiva a favor de moverse de pie.

Imagen de Alexas_Fotos en Pixabay 

Vayamos por partes. Los australopitecos son el género extinto que precede a todos los Homo. Pero no te imagines la evolución como una escalera lineal donde unos se transforman en los otros de manera clara y definitiva. Al igual que nosotros, que vivimos a la vez que los chimpancés, los primeros Homo podrían haber coexistido con australopitecos, aún habiendo evolucionado los Homo de ellos mismos. Si esto te vuela la cabeza, pronto hablaremos de cómo funciona realmente la evolución.

¿Cómo eran los australopitecos? ¿Cómo vivían?

De la especie más famosa de australopitecos, el Australopithecus afarensis, se han encontrado más de 300 individuos. Vivieron al este de África (Etiopía, Kenia, Tanzania) hace entre 3,85 y 2,95 millones de años. La famosa Lucy (que recibe este nombre porque los investigadores que la encontraron escuchaban Lucy in The Sky With Diamonds mientras estudiaban sus restos) es una Australopithecus afarensis. También existen otras especies de australopiteco, como los Australopithecus anamensis, A. sediba o A. africanus o A. garhi.

Pero lo importante es entender que eran individuos completamente adaptados para andar sobre sus dos patas. De hecho, en Laetoli (Tanzania) se encontraron sus huellas bípedas fosilizadas por la erupción de un volcán. Aún así, sus manos presentan características propias de los primates arbóreos, por lo que con facilidad podrían haber utilizado los árboles como refugio.

Sus cerebros, aún siendo más grandes que los de los chimpancés y bonobos actuales, eran pequeños si los comparamos con los nuestros. Una tercera parte, más o menos. Y de momento no hay indicios claros de que hubiesen utilizado herramientas modificadas.

De lo que sí hay indicios, es de que eran cazados como cualquier otra presa por depredadores como leones, leopardos y hienas. Así que no. Aún no cazaban en grupo. Como mucho, comían insectos y animales pequeños como lagartos. Pero su dieta base habrían sido las plantas, las raíces, las semillas y las frutas.

Así que los australopitecos, aún siendo homínidos completamente bípedos y con cerebros ligeramente más grandes que los de los chimpancés y bonobos, no presentan indicios de comportamientos más complejos que los que ya vemos en nuestros primos lejanos: con juego, vidas sociales activas, jerarquías, cuidado y educación de las crías y cooperación.

Y aún así, habitaron la tierra durante más de 2 millones de años. Mucho, muchísimo más de lo que los humanos actuales llevamos aquí.

¿Qué pasa después de los australopitecos? ¿Cómo empezamos a utilizar herramientas? ¿Y qué efecto tiene esto en nuestros cerebros? ¿Cómo y por qué llegamos a triplicar su tamaño? ¿Cómo pasamos de ser una especie de primates bípedos en África a estar presentes en casi todos los continentes del mundo? ¡Todo esto y mucho más en el próximo capítulo!


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REFERENCIAS

Australopithecus afarensis. (2020, January 10). Retrieved November 18, 2020, from https://humanorigins.si.edu/evidence/human-fossils/species/australopithecus-afarensis

Harari, Y. N. (2018). Sapiens: A brief history of humankind. New York: Harper Perennial.

Human Family Tree. (2019, January 15). Retrieved November 18, 2020, from https://humanorigins.si.edu/evidence/human-family-tree

Sahelanthropus tchadensis. (2020, January 10). Retrieved November 18, 2020, from https://humanorigins.si.edu/evidence/human-fossils/species/sahelanthropus-tchadensis


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La Arquitectura de la Realidad

En el capítulo anterior veíamos cómo el cerebro es un órgano que en primer lugar mapea lo que ocurre gracias a tus receptores sensoriales. Recibe información muy precisa de qué está pasando en tu cuerpo, y con ello genera mapas. Mapas de la realidad. Informes de la situación.

También veíamos cómo la realidad percibida, subjetiva, de cada una de nosotras (aquello que ves, sientes, notas, escuchas ahora mismo) es fruto de la actividad del cerebro, y no de la actividad de los receptores en sí. Es decir: los ojos no ven, es el cerebro que construye la visión a partir de la información que recibe de los ojos.

¡Sin ojos podría haber visión si estimulamos las áreas adecuadas! Pero lo que nos aseguran los órganos sensoriales es que aquello que experimentamos se ajusta lo suficiente a lo que ocurre a nuestro alrededor.

¿Pero es suficiente con recibir y repetir en el cerebro la información en crudo de los receptores? Claramente no. ¡Hoy vas a entender un poco más y mejor cómo el cerebro se estructura para construir nuestra realidad!

Imagen de Couleur en Pixabay 

La Jerarquía Neuronal

¿Recuerdas qué son los Mapas Topográficos? Mapas de los sentidos para todo el cuerpo, para toda la lengua, para todo nuestro campo visual, ubicados en orden en el cerebro.

Bien. Pues toda nuestra corteza cerebral (las capas más superficiales del encéfalo) está distribuida en áreas que corresponden a los distintos sentidos, y estas áreas a la vez están organizadas topográficamente en capas de neuronas.

Por ejemplo, tenemos un área de nuestra corteza cerebral que corresponde a la llegada de la información visual. Se llama Área Visual Primaria, o V1.

En V1 no solo se recibe la información en crudo de la retina. Además de tener neuronas que se activan cuando hay cambios en las células receptoras de los ojos, a medida que avanzamos y profundizamos en su estructura encontramos neuronas que se especializan en reconocer patrones visuales concretos.

Imagen de Free-Photos en Pixabay 

Vale. Vale. Aquí vamos a tener que hacer una pausa un momento. ¿Cómo que patrones visuales concretos?

Pues eso. Líneas. Texturas. Variaciones de luz… Las neuronas se jerarquizan.

De pequeños aprendemos que las líneas son cadenas de puntos. ¿Cómo construye el cerebro líneas en el campo visual, sin que simplemente sean cadenas de puntos minúsculos sin sentido? ¿Cómo las llega a entender? O lo que es lo mismo, ¿Cómo lo llegamos a entender nosotros? ¿Cómo hacemos que lo que reciben las neuronas iniciales tenga un sentido?

¡Buena pregunta! Le llegamos a dar sentido teniendo neuronas que se dedican exclusivamente a codificar características concretas. Unas para bordes. Otras exclusivas para texturas. Otras para colores. Y así. Neuronas que se dedican a entender lo que otras neuronas les están diciendo, y se responsabilizan de solo activarse si reciben la información adecuada. La información para la que responden, cada vez más integrada.

Por ejemplo, tres neuronas pueden ser las encargadas de codificar “línea de 45º” en una pequeñísima zona del campo visual. Codificar, en realidad, es que ellas signifiquen “línea de 45º” para otras neuronas que harán funciones más avanzadas. Pero estas tres neuronas solo mandarán el mensaje si reciben información congruente de las neuronas previas, que solo codifican puntos del campo visual.

Siguiendo con el ejemplo simplificado, una cadena activada de 10 neuronas en fila en el campo visual activará las tres neuronas que hacen saltar la alarma: “Aquí hay una línea.”

Y como te imaginarás, después de estas neuronas que codifican para características muy específicas…

Viene la diversión.

¿Qué pasa si juntamos en una sola neurona (o grupo de ellas) la información de dos grupos neuronales que codifican distintas líneas consecutivas en el campo visual? Pues que tendremos una mensajera que reconocerá formas complejas. Habremos fundido mucha información en una sola neurona.

Tendremos una neurona que se especializará en reconocer un patrón concreto de líneas juntas. ¿Se te ocurre hasta dónde se puede llegar con esta lógica?

Por si aún no habías caído en ello:

Todo lo que experimentas, cada mínimo detalle de la realidad, todo lo que ocurre, está codificado por grupos de neuronas en tu cerebro. Esa pelusa minúscula encima de tu jersey. No la infravalores. Hay miles de neuronas trabajando en tu cerebro para que puedas verla, entenderla y pensar sobre ella. Su orientación, posición en el espacio y respecto a tu cuerpo, colores, sombras. Todo.

Así que el cerebro es muy, muy pero que muy específico.

Si seguimos escalando en la jerarquía neuronal, encontraremos neuronas con información cada vez más asociada. ¡Hasta un punto en el que podemos observar neuronas que se especializan en codificar caras! Si reciben todos los estímulos asociados de las jerarquías previas, congruentes con la organización visual de un rostro, se activan. Si no, se quedan en silencio esperando pacientemente (o haciendo otros trabajos. Pueden hacer varias funciones a la vez).

¿Y dónde termina esto? ¿Qué pasa si avanzamos en la jerarquía?

Pues que llegamos a algo parecido a una experiencia unificada, coherente, con sentido. Una experiencia que agrupa información de distintos sentidos, sensaciones, memorias, emociones, pero que se siente como un todo. Una sola vivencia presente.

¿Te suena?

Sí, es tu consciencia. Eres tú.

¡Pero esto para los próximos capítulos!

Dentro de la Nuez

Hasta el momento solo te he hablado del Área Visual, porque es suficiente para explicar cómo codificamos y jerarquizamos la información a partir de nuestras neuronas. Pero si ya te parecía complicada la cosa, imagínate hacer esto con todos los sentidos, y luego juntarlos.

En el cerebro tenemos el Cortex Visual Primario, el Cortex Somatosensorial Primario (las sensaciones táctiles, la sensación del cuerpo), el Cortex Auditivo Primario, el Cortex Olfativo, el Cortex Gustativo… Pero también tenemos las Áreas Secundarias.

Después de que los estímulos para un solo sentido y una sola característica se asocien entre sí (líneas, formas, en V1, por ejemplo) se empiezan a asociar las características del mismo sentido en zonas extendidas del cerebro, normalmente circundantes al Área Primaria. Son el Área Visual Secundaria o el Área Auditiva Secundaria, por ejemplo.

¿Y qué ocurre después? Pues que, de las Áreas de Asociación para cada sentido, sale la información hacia Áreas de Asociación Multimodales. Ahí ocurre la verdadera magia.

Pero con todo esto, aún no hemos hablado de algo crucial en el cerebro: los hemisferios. La característica más evidente cuando vemos un encéfalo humano. ¡Son simétricos, y están partidos como una nuez!

¿Qué ocurre en las Áreas de Asociación Multimodales? ¿Cómo pasamos de la integración de la información de los sentidos a las emociones, las sensaciones, los comportamientos, los pensamientos, la sensación de yo, de tiempo, de continuidad, de unicidad, de consciencia? ¡Estate atenta porque pronto lo descubriremos!


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REFERENCIA

Carlson, N. R., Birkett, M. A., & Ripoll, D. R. (2018). Fisiología de la conducta. Madrid: Pearson Educación.


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Marçal Castán Sogas. Psicólogo. Creador de Psientive.

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Radiografiando a la Conspiración: 1ª parte

Son tiempos inciertos. La globalización y deslocalización de la política nos hacen sentir que tenemos muy poco impacto a través de la participación ciudadana. Rabia, frustración, indefensión. Las opresiones sistemáticas siguen ahí y se replican globalmente. Las vemos, las vivimos, las mantenemos. Y luchamos para romper con ellas. Cada una como puede y desde donde puede.

El cambio climático acecha. Las nuevas generaciones no hemos vivido la caída del muro de Berlín, la caída de los dictadores del siglo pasado o la fundación de la unión europea. Hemos vivido y crecido en plena crisis económica. Hemos vivido y crecido con fechas señaladas para el punto de no-retorno del cambio climático. ¿Qué futuro nos espera? ¿Qué futuro nos han dejado?

Hemos vivido el paulatino destrozo de nuestro planeta por parte de un sistema que actúa a propósito con los ojos vendados. Hemos entendido opresiones que han existido en silencio por generaciones: sabemos lo que hay que cambiar. Pero aquellos que tienen el poder fáctico, económico y político, siguen estando lejos de nosotros.

Hemos sufrido una pandemia. Una pandemia que no se hubiera dado si no fuera por la manera en que nos hemos organizado como humanidad. Si no fuera porque el capitalismo y el sistema neoliberal nos ha conducido a este punto de inflexión.

Lo cierto es que el panorama de nuestra sociedad es desalentador. Pero también hay lugar para la esperanza en todo este escenario. ¿Qué haremos los jóvenes con la sociedad que heredamos? ¿Cómo organizaremos el futuro? Está todo por ver. Aún tenemos márgenes para aprender y actuar.

Imagen de Ralf Vetterle en Pixabay 

¡Te doy la bienvenida a Tendencias Globales! La serie donde hablaremos y analizaremos desde una perspectiva multidisciplinar los comportamientos mundiales del pasado y del presente que hablan sobre nosotros mismos y nuestro futuro, el de los seres humanos en la tierra.

Y para empezar, vamos a analizar un movimiento que se ha hecho muy viral últimamente.

Introducción a las Teorías de la Conspiración

Lo cierto es que las Teorías de la Conspiración existen desde hace muchísimo tiempo. Tras la pandemia de COVID-19 hemos vivido una proliferación y un aumento de la visibilidad de este tipo de pensamiento. Habiendo sido la pandemia un suceso a nivel mundial, de afectaciones sociales, políticas, económicas y con restricción de libertades, es natural que las ideas preconcebidas o las teorías conspirativas latentes hayan aflorado con más fuerza, siendo una reacción directa a la pésima gestión del problema por parte de los gobiernos.

Aunque algunas Teorías de la Conspiración son inocuas, muchas de ellas cargan con un falso apoliticismo similar al que han adoptado históricamente regímenes fascistas con la voluntad estratégica de captar seguidores. Todo a partir de una frustración con el sistema y falta de propuestas políticas efectivas. Algo que suele ocurrir tras las crisis.

¿Te parece un poco exagerado? Aunque el colectivo conspiracionista es muy heterogéneo, es fácil encontrar entre ellos el tipo de ideas que te comento. ¿Te suena la idea de “la humanidad es un virus”? ¿Te has planteado nunca qué relación tiene con la eugenesia? Se llama ecofascismo, y es apelar a la reducción de población como sistema “natural” para reducir los problemas que tenemos como sociedad capitalista neoliberal.

Imagen de cromaconceptovisual en Pixabay 

La conspiración del Nuevo Orden Mundial incluye entre otros que el movimiento LGTBIAQ+ (aunque no llegan a todas las letras) está dentro del programa de aquellos que dominan el mundo para confundir a las personas, romper con los “valores naturales” o reducir la población.

Aquí te dejo un ejemplo de algunas opiniones, perspectivas y argumentos de manifestantes conspirativos en España. Rocío Vidal, periodista científica y divulgadora en el canal de Youtube La Gata de Schrödinger, se introdujo en la protesta para entender su movimiento:

Aviso de contenido: ecofascismo y eugenesia, defunciones por COVID-19, violencia verbal, acorralamiento público, machismo.

Lo vimos también con el caso de George Floyd. Según muchos conspiracionistas era un montaje. Y de repente surgió la palabra “Antifa” (de antifascistas) como definitoria de un grupo que opera estructuradamente a favor del nuevo orden. Esto daría para otro artículo entero, pero fíjate cómo trataron de desactivar una protesta legítima promovida por la opresión sistemática de las personas racializadas. Incluyeron a la ideología contraria al fascismo en el saco de la conspiración.

¡Pero bueno, que me voy por las ramas! Veamos algunas de las razones que explican la aparición de las Teorías de la Conspiración y su potente replicación y éxito en el contexto neoliberal occidentalizado.

¿El ser humano es conspirativo por naturaleza?

Si definimos teoría de la conspiración como la convicción de que hay un grupo secreto de agentes poderosos que actúan con propósitos claros y malignos, la respuesta es…

Probablemente sí.

Ya. Que tú no sientes que tengas ese impulso natural. No es tan sencillo. Pero respóndeme a esta pregunta. ¿Puedes NO ver una cara aquí?

Imagen de VikiWi en Pixabay 

Este efecto se llama pareidolia. El reconocimiento automático de patrones faciales por parte del cerebro. Tenemos neuronas dedicadas a buscar un match congruente con la estructura de los rostros de entre todas las figuras y formas de nuestro campo visual. ¿Flipante, no? Si quieres saber más, en este artículo te hablo de ello.

Pues este mismo efecto ocurre con conceptos más abstractos. Se llama apofenia. El reconocimiento de significados y patrones ocultos en acontecimientos y datos, aunque estos sean aleatorios o no tengan nada que ver.

El cerebro es una máquina biológica de buscar patrones. No habríamos podido evolucionar sin una tendencia natural a relacionar estímulos (algo que todos los animales hacen): después del rugido viene el león. Cuando la hierba se mueve así es que hay una presa correteando. Si el viento sopla de aquí mañana lloverá. Si dejo estas semillas aquí el año que viene tengo comida.

O piensa en la superstición. Es lo mismo. Si un gato negro se cruza por mi izquierda algo malo va a ocurrir. ¿Sabes lo que ocurrirá? Que probablemente a lo largo de un día o dos, si te pasa algo malo, lo atribuyas al gato.

Probablemente sin gato te ocurriría algo malo igual, pero el hecho de que le des un significado tan potente al animal hace que lo asocies instantáneamente. Estabas esperándolo. Has creado una hipótesis. Ahí tienes tu confirmación. Toma. Tu cosa mala.

Imagen de Virvoreanu Laurentiu en Pixabay 

Pues el cerebro va haciendo estas cosas. Tiene una característica de fábrica que se llama Horror Vacui. El miedo al vacío. Literalmente. El cerebro rellena agujeros, faltas de información o de estímulos, con invenciones si hace falta.

De hecho, la percepción es un juego entre la información que recibe el cerebro del exterior y la que él activamente rellena y construye. ¡Pero esto para la otra serie!

¿Ves hacia dónde voy? Tenemos un sistema neurobiológico muy propenso a relacionar estímulos entre sí. ¿Para qué? Para predecir. Para controlar. Para actuar. La información es poder. Y a lo largo de nuestra evolución, la información ha sido supervivencia.

Y si con esto no tienes suficiente, agárrate.

Imagínate que estás en un contexto prehistórico. Los primeros poblados neolíticos, pongamos. Una causa común de muerte es la violencia grupal. Y resulta que algunos miembros del poblado con los que no tienes buena relación hablan de ti en susurros.

Vaya.

Por tu parte pueden ocurrir dos cosas:

  • Creas una Teoría de la Conspiración: quieren asesinarte.
  • Les ignoras y sigues con tu feliz vida neolítica.

Por su parte pueden ocurrir dos cosas:

  • Te quieren asesinar realmente.
  • No te quieren asesinar, por cualquier razón.

Así que tenemos cuatro escenarios posibles:

  • Crees en tu teoría conspirativa. Te largas del campamento. Resulta que sí querían matarte. Salvas tu vida.
  • No crees en tu teoría conspirativa. Pero resulta que querían matarte. Te asesinan.
  • Crees en tu teoría. Te largas del campamento, pero no querían matarte. Te has perdido una fiesta de cumpleaños neolítica. Te has equivocado.
  • No crees en la teoría y esta no es real. Estás en lo cierto. Es primavera en tu ego.

Como puedes comprobar, la opción de creer en tu conspiración puede acabar salvando tu vida o en el peor de los casos, demostrándote que estabas equivocada. En cambio, no creer en ella puede o bien acabar dándonos la razón, lo cual nos sentará genial, o bien acabar con nuestra muerte. Un riesgo que pocos querrían correr.

Es pura teoría de juegos (que se suele aplicar mucho a la evolución). La opción de pensamiento con menor riesgo para tu supervivencia será siempre la primera. Así que, en términos evolutivos, se habría seleccionado la tendencia a favorecer la creencia conspirativa y la sospecha por encima del escepticismo.

Pero este es solo el principio. Tenemos predisposiciones neurobiológicas. Vale. Queda claro. ¿Pero cómo hemos llegado a que esto se convierta en un movimiento mundial? ¡Pues te lo cuento!

¡En el próximo capítulo!

¿Cuáles son los mecanismos psicosociales que están promoviendo la replicación en masa de las ideas conspirativas? ¿Cómo se relacionan con la psicología del individuo? ¿Qué son las disonancias cognitivas? ¿Y los sesgos de confirmación? ¿Qué rol tiene el sentimiento de pertinencia dentro de este movimiento? ¡Estate atenta porque pronto lo descubriremos!


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REFERENCIA

Prooijen, J. V., & Vugt, M. V. (2018). Conspiracy Theories: Evolved Functions and Psychological Mechanisms. Perspectives on Psychological Science, 13(6), 770-788. doi:10.1177/1745691618774270


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¿Qué nos hace humanos?

Cómo nos gusta a los seres humanos sentirnos únicos. ¡Ah! Qué lejos estamos de la selva o las tundras heladas, de la salvaje ley de la supervivencia del más fuerte, de la vida en el suelo y en los árboles. De comer fruta todo el día tumbados al sol… ¡Somos unos evolucionados!

Atentas, atentos, porque hoy vengo potentorro. Te voy a dar argumentos para que destronemos juntos al rey del antropocentrismo. Y voy a empezar por la conclusión:

Somos unos animales.

Ya. Que ya lo sabías. ¿Pero hasta qué punto eres consciente de lo poco, poquísimo, que nos separa del día a día a la intemperie junto a la manada? Yo te lo digo. Quédate con esta cifra: 1,2%

Si agarramos el ADN de una célula de chimpancé, anotamos el orden de todas las moléculas que componen sus genes, y luego lo comparamos con la misma secuencia de una célula humana, adivina: sólo hay un 1,2% de diferencia.

¿Somos chimpancés en un 98,8%? Lo cierto es que para llegar a esa cifra se han ignorado las modificaciones incomparables entre humanos y chimpancés (por ejemplo, que ellos tienen 24 pares de cromosomas y nosotros 23), pero en general se contabilizan como un 5-6% de diferencia más.

Así que aún sin poder decirte una cifra exacta, queda claro que estamos muy, muy cerca de los chimpancés. ¡O ellos de nosotros! Son el género animal existente más cercano a nosotros. Nuestros primos hermanos.

De hecho, gracias al cruce de datos genéticos y arqueológicos, sabemos que los chimpancés, el género Pan, y nosotros, el género Homo, nos separamos en África hace entre 6 y 8 millones de años. O lo que es lo mismo. Hace más de 6 millones de años chimpancés y humanos éramos exactamente el mismo animal.

¿No te ha despertado algo ese dato anterior de los porcentajes? Hay una duda en ti. Sí. Sácala.

¿Cómo puede ser que un porcentaje tan pequeño de variación genética resulte en una diferencia tan grande entre especies? Nosotros tenemos Instagram y TikTok, cohetes, sistemas de salud pública (bastante tocados). Ellos tienen frutas y siestas en los árboles. ¿Pero qué es lo que realmente nos diferencia?

Como siempre, una pregunta muy conveniente para mi argumentación. Gracias. Resulta que esas diferencias genéticas, aunque a nivel cuantitativo son relativamente pocas, a nivel cualitativo permiten algo novedoso en la historia de la evolución biológica:

La aparición de la cultura simbólica.


¡Te doy la bienvenida a la serie Coevolución! ¿Qué relación hay entre los genes y tu smartphone? ¿Por qué nuestros cerebros modernos son más pequeños que los de los humanos prehistóricos? ¿Por qué el animal con el cerebro más grande del planeta no es el animal más inteligente? ¿Por qué si nos parecemos tanto a los chimpancés, no vivimos como ellos? ¿Por qué nos sienta tan bien el bosque? ¡Descubramos juntos todo esto y mucho más!

Pero antes…

¿Cómo empezó todo?

En nuestras vidas aprendemos a andar temprano, y esto acompaña e impulsa nuestro crecimiento, forma parte de él. Pues la humanidad hizo lo mismo. Aprendimos a andar. Y eso desencadenó un proceso evolutivo imparable.

El bipedismo es nuestro primer motor evolutivo en nuestra historia, antes de que llegáramos siquiera a ser parte del género Homo. Pero para el carro. El bipedismo no es una característica solamente humana. Un pollo es bípedo. Un oso puede andar sobre sus dos patas traseras. Algunos dinosaurios lo fueron… y la mayoría de los simios combinan la bipedestación con el andar a cuatro patas, la trepa o la braquiación.

Así que todos los simios pueden andar sobre sus dos patas. Pero si se encuentran en peligro ante un depredador en una pradera, huir sobre sus dos patas puede suponer su perdición. Su bipedismo no es su modo de moverse más eficiente. El nuestro sí. O prueba tú de escaparte de un perro rabioso a cuatro patas.

Sea como sea, en algún momento de nuestra evolución, es posible que los cambios geográficos y climáticos de África provocaran deforestaciones naturales en zonas donde vivían nuestros antepasados. La falta de árboles les habría obligado a vivir mucho más tiempo en el suelo, a merced de los depredadores.

Imagen de Henkb67 en Pixabay 

Y si eres bajito y tienes que vivir entre la hierba alta de la sabana, o te pones de pie para prevenir el peligro en el horizonte, o eres la cena de cualquiera.

Pero resulta que cuando te pones de pie, tienes las manos libres.

Así que además de prevenir el peligro, puedes tirarle piedras al peligro. O tener un palo con el que atizarle al peligro. Algo muy eficaz cuando tus caninos están adaptados para comer plantas, y no para defenderte.

¡Y no solo esto! Estando de pie puedes llevar cosas de un lado a otro, y solo tu cabeza recibe la radiación directa del sol. Muchas ventajas juntas para una misma característica.

Esto le gusta a la evolución.

Y así empieza la fiesta.

A lo largo de generaciones aquellos individuos que mutan a favor de un bipedismo más eficiente sobreviven más y mejor. Los cambios óseos y musculares para mejorar el andar de nuestros antepasados comportan modificaciones cruciales en las caderas. Y esto, aunque supone una ventaja, genera un problema a las hembras a la hora de parir. La cadera bípeda es demasiado estrecha.

Los grandes cráneos de las crías empiezan a suponer serios problemas, así que nacen cada vez más inmaduras, con un cerebro más pequeño, para no ser letales durante el parto. Esto hace que la infancia se prolongue en el tiempo, así como el vínculo maternofilial. El proceso de maduración es más pausado… ¡Y está más influenciado por el entorno del individuo!

El bipedismo también cambia el paradigma sexual. Una de las posturas más eficientes durante el sexo reproductivo de los homínidos pasa a ser el misionero. ¡Mirando a la cara! Esto fortalece y refuerza aún más los vínculos grupales. Todo ventajas. Tenemos a la evolución on-fire y no va a parar.

Lo que te acabo de resumir en pocos cientos de palabras, ocurre en África a lo largo de uno o dos millones de años. Y ni tan solo hemos llegado al género Homo. Hablamos de cómo nuestros ancestros pasan de ser simios muy parecidos a los chimpancés a ser simios muy parecidos a los chimpancés, que andan sobre dos patas. Los Australopitecos. ¿Te suena Lucy? Hablaremos de ella.

Imagen de Daniel Polák en Pixabay 

¿¡Y qué pasa con el cerebro?! Buah. Mucho, muchísimo pasa. De los primeros homínidos a los australopitecos llegamos a doblar el volumen del cerebro sin grandes cambios de tamaño corporal. Y de los primeros cerebros al nuestro, hay cambios impresionantes y únicos. Una pasada.

Pero por hoy ya es suficiente. ¡Esto se merece un capítulo por entero!

Venga, aquí va un bonus-track. Que se que te gustan los vídeos de chimpancés.

El juego social es una parte muy importante de la vida de los chimpancés.

¿Sientes ese ruido? Es nuestro antropocentrismo rompiéndose en pedazos. ¡Esto solo acaba de empezar!


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¡Te doy la bienvenida a Coevolución!

Ilustración de Núria PI

REFERENCIAS

Genetics. (2018, September 14). Retrieved November 06, 2020, from https://humanorigins.si.edu/evidence/genetics

Human Family Tree. (2019, January 15). Retrieved November 06, 2020, from https://humanorigins.si.edu/evidence/human-family-tree

Ko, K. H. (2015). Origins of Bipedalism. Brazilian Archives of Biology and Technology, 58(6), 929-934. doi:10.1590/s1516-89132015060399

Sahelanthropus tchadensis. (2020, January 10). Retrieved November 06, 2020, from https://humanorigins.si.edu/evidence/human-fossils/species/sahelanthropus-tchadensis


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8 herramientas para cuidar la ansiedad

La Ansiedad. Una de las protagonistas psicológicas de nuestra sociedad. Esa sensación desagradable en la barriga, la respiración agitada, las palpitaciones, la tensión. Algo va a ocurrir y no sabes qué. ¿Te suena? A mí sí, y soy el psicólogo en la sala.

Cuando hablamos de ansiedad podemos referirnos a distintas cosas. Un trastorno psicológico, un comportamiento animal, o una emoción. Hagamos una aclaración inicial: la ansiedad, escrita así, ansiedad, no es una psicopatología. Es eso, una emoción.

Y como todas las emociones animales y humanas, es natural, forma parte de la vida, y tiene una razón de ser. La ansiedad tiene un origen evolutivo en la respuesta organísmica de anticipación: tu cerebro entiende que dadas unas circunstancias concretas, existe un peligro potencial. No es presente, pero llegará. Y tienes que estar preparada para ello.

Esta descripción nos da tres pistas sobre la ansiedad:

  • Es una emoción que se enfoca hacia el futuro: hacia lo esperado, y no hacia lo real.
  • Es una emoción que nos activa y centra para que estemos preparados.
  • Es una emoción con una razón de ser en la historia evolutiva de nuestra especie.

Pero sigue siendo una emoción desagradable. Algo de lo que queremos desprendernos. Claro. El cuerpo entra en un estado contrario a la comodidad. Necesitamos estar tensos para reaccionar rápido a cualquier estímulo. Las funciones menos cruciales para sobrevivir se ralentizan: por eso los síntomas físicos. El corazón late más deprisa, se te seca la boca, respiras agitado, mareos, náuseas, sudor, rubor, temblor, insomnio, fatiga, diarrea, sensaciones llamadas parestesias… ¡Vale, de todo! No siempre. No a la vez. Pero el abanico es muy amplio.

Luego tenemos síntomas conductuales. De lo que haces, o de lo que piensas. A nivel cognitivo, por ejemplo, el simple hecho de estar ansioso puede inducir pensamientos e imágenes mentales catastrofistas. El cerebro busca siempre hacer encajar las piezas: si te sientes ansiosa te dará situaciones imaginarias para justificar esa emoción.

Pero tu acabas de descubrir la clave: el orden de los factores sí puede alterar el resultado. Si te sientes ansiosa y lo reconoces, te puedes reír de tu propio cerebro cuando te lance imágenes y pensamientos catastróficos. O reíros juntos. Sienta mejor, y no se lo merece.

En una situación normal, la ansiedad vendría, haría su función y se largaría. Antes de un examen, antes de conocer a tu ligue en Tinder, cuando esperas resultados médicos, cuando podrían desahuciarte. Está claro que en nuestra sociedad la ansiedad se ha desplazado hacia contextos culturales, políticos y sociales, porque nosotros nos hemos desplazado hacia ahí.

Ahora no nos enfrentamos a la ansiedad previa al día de cacería del mamut lanudo, el cual podría aplastarnos. Mayoritariamente nos enfrentamos día a día a peligros relacionados con la normatividad social, la estabilidad económica o la salud. Y en principio, cuando resolvemos la situación que nos provoca la ansiedad, esta desaparece. Pero…

¿Y si no lo hace?

Habla con tu ansiedad, o con tu jarrón

Si no lo hace, entonces hay que hacer preguntas:

¿Por qué no desapareces, ansiedad?

¿Qué es lo que me estás queriendo decir?

Habla con tus emociones.

¿Que estoy loco? Pruébalo y me cuentas. Imagínalas. Personifícalas, o si te intimida, ponlas en objetos. Reconcíliate con esa emoción. Deja que esté ahí contigo, a ver qué quiere.

Si te da respuestas tienes mucho camino andado. Y te contaré un secreto. Ojo. Ese jarrón no te ha estado hablando durante diez minutos. Creo.

Eras tú contigo mismo. Eras tú explorándote maravillosamente.

Sea como sea, tanto si te das respuestas como si no, aquí tienes un compendio de herramientas útiles para conllevar la ansiedad en momentos puntuales. ¡Ojo! No son ningún sustituto de ningún proceso terapéutico. Si tienes una ansiedad demasiado intensa y constante, y quieres salir de ella, plantéate la posibilidad de pedirle a un profesional que te acompañe en tu propio proceso de cuidado emocional.

Estas son herramientas que puedes ir incorporando a tu mochila personal para cuidarte cada día un poco más y mejor. Pruébalas, mira cuales te funcionan y cuales no. ¡Y si te ayudan házmelo saber, por favor! Ahí van.

Ocho herramientas para conllevar la ansiedad

1. Técnica de Afrontamiento e Intención Paradójica

Si a una persona con ansiedad le dices “no estés ansiosa” solo ocurre una cosa: que te dejas en ridículo a ti mismo. Por inepto. Por insensible. En serio, nunca hagas eso.

¿Pero qué ocurre si le pedimos lo contrario? A una persona con ansiedad. A nosotros mismos, nos pediremos que estemos ansiosos. Fácil, si ya lo estamos (y si no lo estamos déjalo ya, no hay por dónde trabajarlo). Veamos:

  1. Encuentra un lugar cómodo y tranquilo para ti. Asegúrate que tienes un espacio sin invasiones ni distracciones.
  2. Ponte cómoda. Sentada, estirada, de pie. Como tú te relajes. Cierra los ojos, o no. Como lo sientas.
  3. Céntrate en tu ansiedad. Céntrate en la emoción en sí, dónde y cómo la notas. Céntrate en mantenerla activamente. Obsérvala. Quieres que esté allí. Estás ansiosa. Ok. Vamos a estarlo. Quieres estarlo. No hagas nada más que estarlo.
  4. Mantén ese estado unos minutos. Ve observando qué ocurre.

Si te incomoda demasiado, no te preocupes. Hay otras técnicas.

Si te funciona, prueba a programarte momentos del día para estar activamente ansiosa. Sí. De verdad. Lo siento cita del Tinder, no puedo. Ese día a esa hora tengo ansiedad.

Ya me contarás.

2. Técnica T.I.P.I

Esto es una técnica llamada Técnica de Identificación Sensorial de Miedos Inconscientes, que en realidad es una vertiente del Afrontamiento con Intención Paradójica, desarrollada por Luc Nicon. A partir de su trabajo te propongo:

  1. Encuentra un lugar cómodo y tranquilo para ti. Asegúrate que tienes un espacio sin invasiones ni distracciones.
  2. Ponte cómodo. Sentado, estirado, de pie. Como tú te relajes. Cierra los ojos, o no. Como lo sientas.
  3. ¿Ha habido algún desencadenante de la sensación que tienes? ¿O un momento en el que la hayas sentido muy intensamente? Si es así y puedes sostenerlo aún siendo desagradable, revívelo en tu imaginación. Si es demasiado intenso puedes probar a imaginarlo como si lo estuvieras visualizando a través de un reproductor de vídeo. Pero lo importante es que te empapes de la emoción inicial.
  4. Cuando tengas esa emoción en el cuerpo, pasa de fijarte en esa imagen a fijarte en ti. En las sensaciones que produce la emoción que estás sintiendo ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Y en qué intensidad?
  5. Mantén la fijación en tu cuerpo y en las sensaciones. Mantente en el presente. Respira con profundidad y cuenta de 10 hacia 0 lentamente, sin prisa. Centrándote única y exclusivamente en lo que sientes aquí y ahora.
  6. Cuando termines, puede que la emoción haya bajado de intensidad sin desaparecer. Repite los pasos 3 a 5 hasta que estés satisfecho con ello.

3. Técnica de Respiración Diafragmática

Esta es una técnica enfocada directamente al control fisiológico de la ansiedad. Si te es difícil conectar con imágenes o emociones por su dureza o por cualquier otro motivo, te recomiendo que empieces por esta técnica para que primero ganes control sobre tu propia activación. Ahí va:

  1. Encuentra un lugar cómodo y tranquilo para ti. Asegúrate que tienes un espacio sin invasiones ni distracciones.
  2. Ponte cómoda. Sentada, estirada, de pie. Como tú te relajes. Cierra los ojos, o no. Como lo sientas.
  3. Relajadamente, ponte una mano en el pecho. La otra mano irá a la barriga.
  4. Inhala, si puedes, por la nariz y con un tiempo fijo. Te recomiendo entre 3 y 5 segundos, pero cada uno respira a su ritmo. Eso sí, mantenlo fijo. Si son 6 segundos que lo sean todo el rato.
  5. Exhala, si puedes, por la boca, también con un tiempo fijo. De nuevo te recomiendo entre 3 y 5 segundos. Siente los músculos como se destensan en cada exhalación.
  6. Repite el ciclo hasta que te sientas relajada. Nunca aguantes la respiración, encuentra un ciclo que sea cómodo para ti. Si te mareas, vuelve a tu patrón normal.

4. Técnica de Relajación Muscular Progresiva

Si la respiración diafragmática te funciona, este es el next lvl. Requiere un poco más de tiempo y vas a tener que tumbarte, pero funciona fenomenal. La psicóloga Andrea Méndez Mollá lo explica genial en este video:

5. Técnica Abrazo de la Mariposa

Este es un recurso que descubrí durante el confinamiento y es increíble lo sencillo, rápido y fácil que resulta. Te lo puedes llevar contigo a todos lados y hacerlo en cualquier momento. Cuidem-nos, un grupo de psicólogas voluntarias en el que colaboré, te lo explica en dos minutos. El ritmo tiene que ser más o menos el de un reloj, con una fuerza moderada:

6. Técnica de Reestructuración Cognitiva

Esta es una buena técnica para complementar el trabajo emocional y fisiológico de la ansiedad, y te puede servir para cortar bucles de pensamiento que retroalimentan tu estado. Implicará que des un cursillo rápido de teoría cognitivo-conductual. Psicólogas del Hospital La Fe de Valencia te lo explican maravillosamente y de manera concisa:

7. Técnicas de Meditación

Otra técnica que puede ayudarte a calmar la activación fisiológica y emocional propia de la ansiedad es la meditación. Si no tienes experiencia en este tipo de actividades te recomiendo que empieces con meditaciones guiadas. Aquí te dejo la de las psicólogas de Ciudem-nos:

8. Otras herramientas

Si quieres probar otros recursos, te recomiendo:

  • Técnica de Distracción. Céntrate en uno de tus sentidos. Un tacto, un objeto, un olor. Pon atención plena en ello y aparta los pensamientos que vayan llegando.
  • ASMR. En serio, no te estoy vacilando. Tiene efectos relajantes.
  • Ejercicio físico. ¿Te acuerdas del mamut lanudo? Tu cuerpo te pide que corras del peligro. Pues corre. O ve en bici, o practica cualquier deporte moderado-intenso.
  • Alimentación. Una dieta basada en la evidencia científica, como la que divulgan expertos como Cocina Sin Receta, Aitor Sánchez, Carlos Ríos o las FuturLife21, puede ser una herramienta preventiva muy potente.
  • Música. La música tiene un poder increíble. De hecho, modula la actividad electroquímica de tu cerebro en función de lo que escuchas. Si no te gusta Pink Floyd, prueba con esta. Ha sido utilizada en estudios científicos y ha demostrado tener un efecto similar al de los ansiolíticos:

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REFERENCIAS

Cedillo IB. Generalidades de la neurobiología de la ansiedad. Rev Elec Psic Izt. 2017;20(1):239-251.

Labrador, F. J. (2019). Técnicas de modificación de conducta. Madrid: Pirámide.

Regular nuestras emociones. (n.d.). Retrieved November 03, 2020, from https://tipi.pro/identificacion-sensorial-de-los-miedos-inconscientes/


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¿Cómo funciona el Cerebro?

El Cerebro. Ese misterioso órgano repleto de repliegues dentro de nuestro cráneo. El más complejo, intrincado y desconocido mecanismo biológico que el ser humano ha observado hasta el momento. Una máquina que capta procesa y elabora información a partir de estímulos del entorno y de sí mismo para generar respuestas emocionales, cognitivas y comportamentales.

¿Una definición un poco vaga, no? Lo cierto es que aun teniendo neurólogos y neurocirujanos, aún siendo capaces de realizar operaciones a cerebro abierto, teniendo neurocientíficos, neuropsicólogos, biólogos, médicos, filósofos… no hemos llegado a descifrar aún su misterio más importante.

Sabemos el qué. Qué hace el cerebro, a gran escala. Pero se nos escapa completamente el cómo. ¿Cómo lo hace nuestro cerebro para percibir, para sentir, para crear un mapa de experiencias subjetivas? Tan fuerte es nuestro desconocimiento sobre el cerebro, que quién diga que entiende, es que no ha entendido nada. Y si no te lo crees de mí, deja que uno de los mayores neurocientíficos del mundo nos dé una lección de humildad:

Iñaki Gabilondo entrevista a Rafael Yuste en “Cuando ya no esté”, programa de #0 Movistar+

Te doy la bienvenida a una serie de artículos donde exploraremos juntos el qué, el cómo y el por qué de nuestro cerebro, desde una perspectiva multidisciplinar que va desde la neurociencia hasta la neurofilosofía. Si nuestro órgano por excelencia te intriga y cautiva tanto como a mí, quédate para maravillarnos en este viaje que nos romperá juntos la cabeza.

Pero antes de nada…

¿Cómo funciona el Cerebro?

Si has captado mi primer mensaje, ya sabes que no voy a ser capaz de responder a esa pregunta. Pero que no podamos explicar cómo ocurre la magia dentro del cerebro, no significa que no podamos explicar muchas, muchas cosas sobre él. Y te aseguro que todo lo que sí sabemos y podemos explicar va a cambiar tu perspectiva sobre ti y todo lo que te rodea.

Sí. Vas a tener que agarrarte fuerte allí donde estés sentada, porque este no será un viaje fácil de transitar. No vamos a aprender de neurobiología solo por el saber, o para aprobar un examen. En esta serie, la neurobiología nos servirá para empezar a responder una de las preguntas más vertiginosas que como seres humanos podemos hacernos:

“¿Qué es La Realidad?”

Pero para llegar a ese punto tenemos que construir un edificio argumental muy firme. Necesitaremos entender desde el principio, y eso implica hacer una incursión a los básicos de la neurobiología. Te cuento algunas características cruciales de los cerebros y los sistemas nerviosos en general.

Tú eres tu Sistema Nervioso

Así. Como lo oyes. Tu cuerpo es una carcasa de hueso, tendones, músculo, piel, tejidos y órganos. Ese precioso mecanismo biológico no siente ni se mueve por sí solo. Necesita de un sistema nervioso, de un órgano que esté completamente dedicado a captar información y tomar decisiones: ¿Qué ocurre? ¿Dónde ocurre? ¿Qué hay que hacer? A eso juega el cerebro.

Para responder a esas preguntas, el cerebro necesita mucha, mucha información. Una información que viene dada por los sentidos y los receptores distribuidos por todo nuestro cuerpo. Cada órgano sensorial es un mecanismo específico de obtención de información para el cerebro.

Los ojos transforman en estímulos neuronales el impacto de fotones en la retina. La piel transforma distintos tipos de presión mecánica, vibraciones y temperatura en estímulos neuronales. La nariz transforma la interacción de distintas substancias químicas que llegan a su interior en estímulos neuronales. La lengua transforma la interacción de distintas substancias químicas que llegan al interior de las papilas gustativas en estímulos neuronales.

Con muchas variaciones, podemos idealizar un esquema de cómo el cerebro recoge bits de información del exterior a través de estos sentidos. Para generar mapas complejos de lo que ocurre necesita una gran cantidad de información precisa, así que todo ello empieza en las mismísimas células.

Cerebro
Imagen de Pete Linforth en Pixabay.

El lenguaje del Cerebro

En el proceso de recogida de información una célula receptora recibe un estímulo físico o químico. Por ejemplo, en la retina, los bastones y los conos (que son las células receptoras de los ojos) reciben un estímulo físico; en este caso la llegada de un fotón a su interior. El fotón interactúa con una molécula del bastón y produce una cascada de acontecimientos químicos dentro de la célula receptora. Esta cascada es la reacción interna de la célula receptora al estímulo exterior. Una cadena muy específica de movimientos moleculares.

Resulta que todas las células receptoras están conectadas a una neurona por la puerta trasera. De hecho, las neuronas no son unas células relegadas al cerebro. Tenemos neuronas en todo el cuerpo. Y muchas de ellas cumplen la función de recibir y transmitir el mensaje de la célula receptora a otra neurona más cercana al cerebro.

Como habrás intuido, la reacción química en cascada producida por la célula receptora termina activando o estimulando la neurona a la cual está conectada. ¿No te estás emocionando? Deberías. Acabamos de transformar un estímulo físico del mundo exterior al lenguaje del cerebro. ¿Se te ocurre cómo puede aplicarse este mismo mecanismo a otros sentidos? ¿Cómo se las ha ingeniado la evolución biológica para crear células capaces de captar distintos tipos de información del entorno?

Cerebro
Neurobiología
Neurociencias
Imagen de cottonbro en Pexels.com.

Más allá de mis divagaciones retóricas, volvamos al punto en el que estábamos. Un receptor acaba de traducir un estímulo del entorno al lenguaje de las neuronas. La neurona a la que está conectada ese receptor se activa, y su activación activa a la vez la siguiente neurona de la cadena, hasta llegar a una neurona que efectivamente ya está ubicada en un área dentro del cerebro.

Pero está claro que con un solo bit de información no hacemos nada. Necesitamos millones de bits. Y para ello, las neuronas vinculadas a su receptor se agrupan sin mezclarse. Sus prolongaciones, normalmente sus axones, se agrupan formando haces que recogen las colas de todas las neuronas de una misma zona.

Son los nervios. No, no los tuyos cuando expones. Los nervios del sistema nervioso. El cableado que transporta la información.

Tu Gran Mapa de la Realidad

Cerebro
Mapa
Imagen de Suzy Hazelwood en Pexels.com.

Las fibras nerviosas, los nervios, van juntándose a medida que se alejan de sus receptores de origen, formando haces cada vez más grandes que transportan información de zonas cada vez más grandes. Así, en fisiología podemos identificar, por ejemplo, nervios que transportan la información táctil de una sección lateral del cuerpo, por entero. Hemos pasado de una escala celular a una escala anatómica.

Estos nervios tan importantes van directamente al sistema nervioso central, conectándose todos a la médula espinal o al tronco del encéfalo, o en ocasiones con vías de entrada directas al cerebro.

El caso es que, atentas y atentos: jamás se pierde la correspondencia con el receptor. Sí. Repítelo conmigo. Esto es muy importante. Jamás se pierde la correspondencia con el receptor.

¿Y qué implica esto? Ajá. Buena pregunta. Estamos llegando al momento de éxtasis. Ya vemos la cima. El café está servido. La ropa está tendida. Agárrate fuerte.

Este aparentemente inofensivo hecho implica que, en un lugar de tu cerebro, existe una neurona que responde única y exclusivamente a una célula receptora de otro lado de tu cuerpo (con matices). O, en otras palabras: existe una célula receptora táctil en el dedo gordo de tu pie izquierdo que hace que se active una neurona específica para ese receptor a metro y algo de distancia (depende de lo que midas) en tu corteza somatosensorial primaria derecha. En tu coco.

¡O en otras palabras! Una célula receptora X en cualquier órgano sensorial del cuerpo activará su neurona X correspondiente en el cerebro, y una célula receptora Y activará su neurona Y correspondiente. Esto crea literalmente mapas de neuronas en el cerebro que corresponden a las distintas distribuciones de los sentidos distribuidos por tu cuerpo.

Es decir: tenemos un mapa de neuronas correspondiente a cada célula sensitiva de nuestra piel, de nuestra retina, de nuestro olfato, de nuestro oído.

Literalmente podemos encontrar las manos, los pies y los brazos en los repliegues de nuestro cerebro.

En neurobiología, esto se llama Mapa Topográfico, y es la clave para cruzar el umbral de nuestro viaje hacia la neurofilosofia.

El Cerebro Fantasma

Cerebro
Consciencia
Photo by David Cassolato on Pexels.com

Terminando, responderé a tu pregunta jamás realizada. ¿Qué pasa si nos saltamos todo el circuito entre el receptor y la neurona específica de la corteza cerebral?

Más o menos, si estimuláramos a través de tu cráneo, correctamente y con herramientas suficientemente precisas, varias neuronas corticales de tu cerebro sin que hubieran recibido un estímulo por parte de sus receptores correspondientes, imitando el tipo de estímulo que recibe la neurona cuando viene por parte del receptor…

Notarías exactamente lo mismo que si el estímulo proviniera del receptor.

Sensaciones en la piel, gustos, olores, sonidos…

Así es. El receptor y su cadena neuronal son una herramienta biológica que activa en última instancia la neurona sensorial protagonista en el cerebro. Pero la sensación que tú experimentas no proviene del receptor. La sensación es algo mucho más complejo, y su inicio real proviene del mismo cerebro.

Impresionante, ¿No? Si no te estás desparramando en la silla estás vacía por dentro. Si es porque no te lo crees, aquí tienes una noticia reciente que habla de esta locura, un estudio conducido por la Universidad Pablo de Olavide y publicado en Scientific Reports de Nature.

¿Ahora entiendes por qué eres tu sistema nervioso?


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¿Qué ocurre con la neurona protagonista? ¿Cómo se convierte su actividad, o la de miles y millones de neuronas, en una sensación que percibimos subjetivamente? ¿Cómo el cerebro crea nuestras respuestas? ¿Existe el libre albedrío? ¿Qué son los pensamientos? ¡Todas estas cuestiones y mucho más! ¡Te doy la bienvenida a Nuestro Cerebro!

Ilustración de Núria PI

REFERENCIA

Carlson, N. R., Birkett, M. A., & Ripoll, D. R. (2018). Fisiología de la conducta. Madrid: Pearson Educación.


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Marçal Castán Sogas. Psicólogo. Creador de Psientive.

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